De aprobarse su uso, habrá que contar con una severa legislación

Maíz transgénico perjudicará comercialmente al Uruguay

El único cultivo genéticamente modificado (transgénico) autorizado comercialmente en Uruguay es la soja de la multinacional Monsanto, resistente a herbicidas, con unas 18 mil hectáreas cultivadas. Pero el director general de Servicios Agrícolas del MGAP, Gonzalo Arocena anunció que está próximo a autorizarse el cultivo comercial de maíz transgénico.

Por otra parte, el ingeniero Fernando Brum, de la empresa certificadora SGS Uruguay, informó a LA REPUBLICA que unos 30 productores uruguayos están certificando su producción de maíz como no transgénica para exportar a Europa. Se trata de unas 15 mil toneladas para elaboración de copos. Brum explicó que «los productores están abriendo un nuevo nicho de mercado que les permitirá lograr una permanencia, puesto que todavía inspiramos cierta seguridad en cuanto a la no presencia de transgénicos en nuestros cultivos». La certificación implica «una trazabilidad completa que va desde la compra de la semilla hasta el embarque».

La transgénesis es la técnica de la ingeniería genética mediante la cual se aisla un gen de un organismo para introducirlo en otro y así se dota al organismo receptor de la característica genética que se le introdujo, por ejemplo resistencia a herbicidas o a insectos en la agricultura. Uno de los objetivos fundamentales es la mejora en la producción.

Según Arocena, en el proceso de autorización de cultivos transgénicos la Comisión de Evaluación de Riesgo de los Vegetales Genéticamente Modificados (organismo competente) se toman recaudos para que no se produczca contaminación genética, es decir que cultivos no transgénicos se transformen en transgénicos.

Contaminación

Sin embargo, la ingeniera agrónoma Carmen Améndola, de la ONG Redes, dijo a LA REPUBLICA que cuando se apruebe el maíz transgénico, será muy probable que suceda esa contaminación. Esta se produce debido a la polinización. La técnica explicó que «como el maíz es una planta dioica con polinización cruzada, tiene más posibilidades de contaminación que cualquier otra».

En el mismo sentido Brum señaló que «las posibilidades de contaminación van a ser mayores y por lo tanto las precauciones también tendrán que ser mayores».

El profesor de mejoramiento genético de la Facultad de Agronomía Enrique Estramil explicó a este medio que la contaminación podría evitarse si se elabora una legislación similar a la semillerista, que «establece una distancia mínima entre las plantaciones. Las medidas de aislación deberían contemplar la suficiente distancia entre una plantación de maíz transgénico y otra que no lo sea». De no elaborarse esa legislación «se castigaría al productor de maíz no transgénico, quien para asegurarse de que nadie plante otro tipo de maíz en uno o dos kilómetros a la redonda –que es la única forma de asegurar la no contaminación– tendrá que comprar o arrendar un campo lo suficientemente grande como para asegurarse esa distancia». Estramil advirtió que una contaminación en el maíz implicaría «un agujero económico demasiado grande y no creo que el país tenga plata para cubrirlo. Las consecuencias comerciales podrían traducirse en la pérdida de mercados que detecten la presencia de transgénicos en maíces vendidos como no transgénicos». Para el docente, antes de autorizar el cultivo de maíz transgénico «Uruguay debería medir muy bien los impactos y los beneficios». Si bien aún no se concretó la autorización comercial de maíz transgénico, tanto Améndola como Estramil afirman que existen fuertes indicios de que en Uruguay ya hay maíz transgénico. Ambos sostienen que también hubo soja transgénica antes de ser autorizada.

Transgénicos controvertidos

El mercado mundial de los transgénicos está en manos de 5 empresas multinacionales. Uno de sus argumentos para justificar la existencia de alimentos transgénicos es que, sin ellos, dentro de 20 años la producción alimentaria mundial no será suficiente para todos, lo cual fue desmentido por la FAO.

Consumidores de todo el mundo pero particularmente los europeos rechazan los productos transgénicos debido a las incertidumbres de sus impactos sobre la salud y el ambiente. Según Améndola, este rechazo ha provocado que la producción de transgénicos haya bajado a nivel mundial. Con el 68% del total, EEUU es el mayor productor de cultivos transgénicos, seguido por Argentina con el 22% y Canadá con el 6%. *

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