En Brasil se dispara el riesgo país y se cierran créditos para empresas
Analistas y economistas de diversas tendencias aseguraron que las turbulencias que afectan al mercado financiero no cesarán mientras los inversionistas no vean programas de gobierno más claros. En Uruguay la crisis se sigue de cerca porque podría afectar severamente el poco comercio que aún se mantiene con los empresarios norteños.
Las recientes acciones del Banco Central de Brasil fueron recibidas con demasiada cautela por los agentes económicos y sirvieron sólo para evitar que la crisis empeore, tal como advirtió a ANSA el alto funcionario del Citibank Carlos Kawall.
El gobierno intentó frenar el nerviosismo con el recorte de gastos, recompra de títulos de deuda externa y con 10.000 millones de dólares provistos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para calmar las turbulencias económicas.
Además de esas acciones, el gobierno estudia otras posibilidades, como la reducción del volumen de dólares que los bancos mantienen en inversiones.
Los rumores sobre el futuro del país comenzaron ya a generar dificultades para las empresas brasileñas en la renegociación de sus deudas en el mercado externo, afirmó ayer Folha Online. En las operaciones efectuadas en los últimos días las empresas obtuvieron apenas cincuenta por ciento de los recursos que buscaban, mientras que el año pasado consiguieron 65 por ciento, revela el mismo informe.
En medio de ese panorama el riesgo país que mide la percepción de los inversionistas subió 30,7 por ciento solamente en la primera quincena de junio, luego de lo cual Brasil pasó a ocupar el tercer puesto detrás de Argentina y Nigeria, tras superar a Ecuador.
Los especialistas insisten que el ojo de la tormenta es la campaña electoral que debe concluir con los comicios del 6 de octubre, para los cuales el favorito es Luiz Inacio Lula da Silva, declarado enemigo del modelo económico neoliberal.
Mientras el mercado no conozca los planes de gobierno, o al menos quiénes serán los hombres que conducirán la política económica de Lula, el mercado seguirá pensando en el pasado del candidato, dijo Kawall, con quien coinciden otros analistas.
Un pasado que nació en medio de interminables huelgas en los sindicatos metalúrgicos de la periferia de San Pablo en los ochenta y que recuerda los vínculos políticos de Lula con movimientos tan radicales como los Sin Tierra.
Eustaquio Reis, director del Instituto de Pesquisas Brasileiras de Economía Aplicada (IPEA), asevera que la principal incertidumbre es saber si el próximo gobierno, que debe asumir el 1º de enero, «conseguirá honrar sus compromisos».
Es un fenómeno «casi psicológico», inevitable, con el cual vamos a tener que convivir hasta las elecciones de octubre, insistió el especialista. Sin embargo, no todo apunta a las elecciones y al «efecto Lula», el economista y ex ministro Luis Carlos Mendonça Barros acusa al Banco Central de cometer un «pecado de soberbia».
Para Mendonça Barros la deuda pública incomoda menos por su tamaño que por la combinación de intereses altos y un crecimiento económico pequeño (de entre 2 y 2,5 por ciento este año) a causa del «malanismo» (en alusión al ministro de Hacienda, Pedro Malan, NDR).
Las dudas que tiene el mercado, según el experto, son sobre la calidad de los fundamentos actuales de la economía de Brasil, lo que lleva a creer que independientemente de quien gane las elecciones «se viene una crisis financiera seria».
Evidentemente, agrega, en ese escenario «una victoria de Lula adicionaría un ingrediente explosivo después del segundo turno (electoral) en noviembre». Paulo Rabello, vicepresidente del Instituto Atlántico, afirma que Brasil llegó al límite de su endeudamiento que hoy es del 55 por ciento del PIB, por eso es necesario adoptar una política de «choque fiscal».
Para mantener una relación constante deuda-PIB es preciso un crecimiento de la economía de por lo menos 3,5 por ciento al año, dijo por su lado el consultor de la Pontificia Universidad Católica, José Marcio Camargo.
Pero el representante de Banco Interamericano de Reconstrucción y Fomento (BIRF) para Brasil, Vinod Thomas, fue mucho más pragmático al asegurar que existe un movimiento de especulación contra Brasil, alimentado porque «el mercado no siempre es racional». Thomas resumió la crisis brasileña en la combinación de tres factores: crisis argentina, elecciones presidenciales y endeudamiento. Al igual que los analistas no cree que el crecimiento de la economía supere 2,5 puntos y recomendó al menos cuatro por ciento «para hacer la diferencia y reducir la pobreza a mediano plazo». *
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