Restan pocos días para reaccionar
POR JORGE JAURI
Es probable que la percepción de una situación límite muy próxima haya inducido al BCU a devolver a la plaza unos $ 200 millones –saldo del vencimiento de letras que no se renovarán en la licitación de mañana. Empero, si no hay noticias mejores de la política, estos pesos se volcarán al mercado cambiario y el dólar se prenderá nuevamente del techo de la banda. En estas condiciones dólar y tasa de interés al límite de lo soportable por el mercado y el actual programa– los uruguayos deberán enfrascarse en la discusión de lo que probablemente sea el desafío mas fuerte que haya afrontado el país luego del restablecimiento democrático, Ley de Caducidad incluida: los proyectos de reforma del Estado y de la relación de éste con los privados.
El proyecto de rendición de cuentas y probablemente un conjunto de proyectos adjuntos deberán ser enviados al Parlamento en los próximos veintiún días. De allí en más, el país tiene noventa días para demostrarse y demostrar al mundo que es capaz de estabilizarse, autorregularse y reorientar su proyecto económico y social en una dirección que merezca confianza y adhesión externa y, especialmente, interna.
Esto, sencillamente, no es posible si se opta por acelerar reformas serias en el peor momento de la credibilidad y la desconfianza. Uruguay no está en condiciones actualmente de procesar, aprobar y ejecutar un conjunto de cambios que, aunque inevitables, no se pueden forzar de esta manera. No se puede derribar con un bulldozer barreras culturales, políticas y normativas que han sido construidas en largos decenios de mala política y muy mala educación. No se puede reintentar la utopía de reformar la mala política y la institucionalidad defectuosa apelando exclusivamente a las amenazas del default próximo. Ya lo intentó Cavallo en los tres meses previos al golpe de diciembre desde una situación notablemente parecida a la uruguaya actual.
Buena letra de malos pactos
Empero, el gobierno uruguayo parecería encaminarse en esa misma línea. Lo hará con convicción propia. Y lo hará, además, porque se ha jugado sus últimas cartas de credibilidad con el FMI y todas las instituciones multilaterales dependientes del Fondo. Allí residen sus últimos créditos y allí ha firmado, con dejos de ingenuidad y las premuras de la casa en llamas, compromisos que deberá cumplimentar. Ingenuidad inercial propia de estos gobiernos que no quieren o no pueden entender que este FMI es diferente a los anteriores, permisivos e irresponsables en la concesión infinita de recursos para alimentar el clientelismo de las elites nacionales. Ahora hay que cumplir lo pactado y si no se hace, los recursos no se liberan. No hay invocación al desastre ni al peligro de la subversión rediviva. El Fondo ha aprendido en los bordes de su propio abismo– cómo ha contribuido realmente a mantener y promover el desequilibrio creciente de América Latina.
Pueden tranquilizarse quienes temen que los nuevos créditos manen alegremente para financiar déficit perpetuos o los agujeros negros de la banca pública y privada.
Nada hay de eso en el razonamiento de quienes especulan con la mejor información; el riesgo ahora es precisamente el contrario: que el Fondo carezca de la flexibilidad y la cercanía necesaria para mantener la condicionalidad de esos recursos a cambios que hoy son realmente mucho más importantes que aquellos que los aparentemente comprometidos. Van a forzar la inmovilidad de los funcionarios públicos en un país que aún no está dispuesto a revisar esa rara cualidad nacional que hemos heredado. Forzarán cambios precipitados, mal diseñados e inenteligibles para la gente, en el área de la institucionalidad del Estado; o cambios en la relación de lo público y lo privado surgidos sin garantías ni regulación suficiente. Si el FMI no logra advertir a tiempo los riesgos y flexibiliza sus exigencias, el gobierno aparecerá más nervioso y carente aún. Algo similar pasará con el resto del sistema político. Y entonces no hay que se demasiado zahorí para saber cómo se especulará en el mercado… Tampoco hay que ser adivino para imaginar los desenlaces políticos y cuáles serán los especuladores victoriosos en el área de la política menuda.
Días de decisión
El índice de riesgo país elaborado diariamente por la AFAP República en convenio con la agencia Bloomberg cerró el viernes a 1.143 puntos básicos. El viernes previo, luego de conocido el blindaje, el mismo indicador había caído a menos de 950 puntos básicos. No sólo el incidente del reportaje presidencial incidió para que en cinco jornadas se diluyera todo el efecto del blindaje internacional.
El mercado sigue atentamente, día a día, los aciertos y desaciertos de la política. Definitivamente se ha establecido en este país una relación directa entre los desaciertos de la política y el riego país.
Los números de la semana pasada han sido elocuentes: quienes especulan con el precio de la deuda pública no confían en que el blindaje y el plan político del gobierno en soledad puedan prosperar. Si ese es el razonamiento correcto, o el gobierno da señales de apertura y quienes deben responder lo hacen rápida y contundentemente, o en los próximos días veremos ascender esos indicadores de riesgo.
Los que, además de inconsistencias leídas por los inversores, estarán develando la progresión diaria de la pobreza y la violencia. Quedan unos pocos días para reaccionar. *
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