Por aquí va la discusión esencial
Escribe: Jorge Jauri
La discusión se abre en varias vertientes pero reconoce su centro en la consideración que tenemos los uruguayos respecto al investment grade y qué relación tiene tal condición con la vida de los uruguayos. Unos –los menos– consideran que la pérdida es muy grave; otros, tienden a desdramatizar la novedad y restarle importancia; el resto –los más– sostienen que el investment grade tiene poca o ninguna relación con los problemas principales del país.
El país se debía esta discusión, aún tímida y desinformada, porque los encuentros y desencuentros que tengan los uruguayos desde ahora van a pasar muy cerca de este eje esencial de reflexiones. Activar esta discusión, aprender en ella, encontrarse o no en ese eje supone algo más que estar o no de acuerdo con la existencia y las funciones de las calificadoras de riesgo. Discutir las categorías del riesgo soberano del país supone algo más que saber si es bueno o malo que Uruguay tenga un acceso fluido al mercado internacional del crédito de bajo costo; implica mucho, mucho, más que saber si las grandes empresas uruguayas Ancap, Conaprole, UTE, Antel, Fanapel– podrán osar algún día financiarse en esos mercados internacionales sin tener que recurrir a la gracia del crédito popular. (1)
Asignatura ignorada
La discusión que nos debemos los uruguayos sobre el investment grade es la discusión postergada sobre la misma razonabilidad del sistema político que nos hemos dado. El investment grade no es más que una nota de calificación sobre la capacidad de repago de las deudas. Pero esa capacidad de repago de sus deudas que ostentó el país hasta ahora no ha sido descalificada porque sí. Bien leído y contextualizado, el dictamen de Standard and Poor’s advierte que, luego de tanto esfuerzo y sufrimiento, Uruguay comienza a involucionar hacia un estadio de incertidumbre. Incertidumbre que va un poco más allá de la vulnerabilidad ante los choques externos, el escaso crecimiento, los problemas fiscales y la fragilidad financiera. Incertidumbre que apuntan a la capacidad del gobierno democrático de convencer e impulsar las soluciones que surgen de sus diagnósticos, sean estos correctos o incorrectos. Esto es lo que ha cambiado desde mayo de 2001, última ratificación de la calificación positiva de S&P y febrero de 2002, fecha de la descalificación. En un año, y más allá de los impactos y las desgracias, S&P advierte que «la disminución y la perspectiva negativa refleja la dificultad gubernamental para afrontar un significativo tratamiento del persistente déficit fiscal y las debilidades estructurales».
El factor de riesgo principal
El dictamen advierte sobre la inconsciencia de continuar desconociendo la incapacidad que tiene el gobierno de operar no sólo sobre la coyuntura crítica sino sobre esas «debilidades estructurales».
Leído de esta manera el dictamen advierte prácticamente lo mismo que dijera la misma S&P el pasado 11 de enero al documentar la renuncia formal de Rodríguez Saá a pagar la deuda. La nota de Argentina pasó de SD (default selectivo) a D (default) en razón de la decisión formal de no pagar. El dictamen era formal pero contiene reflexiones de interés para los uruguayos. Además de reiterar los antecedentes de similares «debilidades estructurales», S&P señalaba la incapacidad que tuvo el modelo para contemplar los efectos sociales de las reformas…» y además agrega: «el rápido desmejoramiento de la situación económica degeneró en una severa crisis política. La clase política ha sido completamente desacreditada en su capacidad de erosionar políticas serias». (2)
Las calificadoras no son buenas o malas. Son empresas que venden servicios profesionales en competencia y expuestas a juicios por mala praxis de toda naturaleza. El problema siempre reside en cómo se leen, cómo se utilizan los dictámenes y, sobre todo, en lo que quiere y puede hacer el sujeto de estos análisis. Eso se llama potencial de cambio y mucho me temo que en Uruguay la elusión de la discusión sobre el investment grade perdido, o este principio absurdo de descalificación «del emisario», sea el premonitorio anticipo de crisis mayores. (3) *
(1) El investment grade empresarial es dependiente de la nota soberana (del país).
(2) Bruno Boccara S&P NY, enero 11 2002.
(3) Referencia a la «oportunidad» del dictamen del jueves y al agregado de «fragilidad del sistema financiero».
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