Algunos analistas prevén que la inflación se disparará durante este mes

"Por ahora, los resultados de la flotación son mentirosos"

ISIDORO GILBERT

 

Ayer el dólar se vendió entre 1,95 y 2.00 pesos y se compró en la franja de entre 1,75 y 1,80 pesos. La bolsa de valores cayó por segundo día consecutivo: ayer, 7,6%.

Para el presidente, el comportamiento que tuvo el dólar es «una prueba de la madurez de la gente» y advirtió que la «incertidumbre» que todavía reina sobre el valor en que permanecerá la moneda extranjera es lo que está generando aumentos de precios, por parte de quienes «remarcan por las dudas».

En rigor, no hubo ni compras ni ventas masivas. Primaron en las concurridas casas de cambio, especialmente las de la calle San Martín, transacciones para hacerse de pesos porque el corralito contiene ahorros y plazos fijos y se necesita comer o pagar cuentas, o se compra por si las moscas.

Muy poco han liquidado los exportadores cerealeros los cerca de mil millones de dólares que esperan ese paso, con lo que la divisa podría bajar. Por ahora los resultados son mentirosos, porque lo que mueve el mercado es el chiquitaje y no los grandes tenedores de divisas. Por eso, el Banco Central no debió intervenir en estos dos días de flotación sucia.

Hay otra mentira. Hace poco más de un mes, el dólar estaba equiparado con el peso en el mítico uno por uno. La devaluación lo llevó, por decreto, a 1,40 pesos por unidad, pero el FMI requirió la libertad de cambios y con ello, en primer lugar que el peso flotara. Ya antes en el mercado libre se habían hecho transacciones por más de dos pesos por unidad. Que haya bajado es interesante, pero la devaluación real es mucho más alta que la dispuesta en enero.

Por eso los ojos están puestos en los precios. Enero cerró con una inflación del 2,3% pero en febrero podría ser de dos dígitos, según algunos analistas. Los productos exportables, carne, cereales, aceites, etcétera, cuando llegan a las góndolas, se acercan a la cotización internacional. Va de suyo que los importados reciben el impacto de su mayor costo. Pero como la paridad actual es muy tentadora para las exportaciones, no son solamente los productos tradicionales los que se cotizan según las perspectivas de su colocación en el exterior.

Las góndolas reflejan ya esta realidad pese a los compromisos de los supermercados de no remarcar los precios. Los que más trepan son los medicamentos, lo que complica la vida sobre todo de los ancianos con ingresos muy magros y su obra social, el PAMI, desquiciada.

Duhalde se muestra confiado no solamente cuando se exhibe ante el público, según dicen quienes conversaron con él estos últimos días. Está buscando convencer a los suyos y a sus aliados de la Unión Cívica Radical y de un ala del Frepaso, para que voten esta misma semana el Presupuesto de gastos para 2002. Los números lucen más a un dibujo que a un programa serio. Y no es por desidia o falta de idoneidad. Ocurre que nadie sabe cómo se recuperará la recaudación, en picada semanal. Una fuente comentó a LA REPUBLICA que ya se han gastado en enero toda la recaudación prevista para el primer trimestre.

Este es uno de los enigmas que el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, debe dilucidar ante el FMI, en la visita que desde ayer hace ante ese organismo en Washington. Los temas son mayores aún: el Fondo reclama que con urgencia el Parlamento apruebe no solamente el Presupuesto, sino una nueva ley sobre coparticipación federal, o sea, el modo en que se distribuyen los impuestos entre nación y provincias.

Pero sobre todo, el FMI quiere saber cómo financiará el gobierno el costo de la devaluación que lo llevó a la pesificación. Para los deudores, que pagarán cada dólar con un peso y un índice de indexación aún no fijado. Y los ahorristas, que pesificaron a 1,40 por dólar depositado. Es un costo que Remes Lenicov no precisó aquí y que se estima en unos 20.000 millones de pesos, casi la mitad del presupuesto en discusión. El gobierno piensa emitir un bono que entregará a los bancos para que sus balances no cierren en rojo y los coloque al borde del colapso.

El gobierno espera que las explicaciones y negociaciones del ministro de Economía les permita recibir a partir de marzo ayuda del FMI para mantener el valor del peso flotando y usar reservas para activar la economía y seguir desactivando el «corralito», esa bomba de tiempo que todavía amenaza a este país. *

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