Foro de Porto Alegre triunfó porque logró transformar a Davos
«La crítica a Davos resuena en el mundo entero», declaró el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en su discurso de clausura de esta reunión celebrada en los suntuosos salones del hotel Waldorf Astoria, tras reunirse durante 31 años en Davos, una estación de esquí suiza.
Annan advirtió a los cerca de tres mil participantes en el Foro Económico Mundial que no ignoren a Porto Alegre, donde convergieron unas 60.000 personas para criticar la globalización económica del planeta que, se reconoció en Nueva York, ha dejado millones de excluidos.
El jefe de la ONU lanzó un desafío a los que defienden la globalización, a los que llamó a que demuestren a los que se oponen a la mundialización que están equivocados.
La manera de demostrarlo es mediante «acciones que se traduzcan en resultados concretos» para los millones de personas que viven en la pobreza, dijo Annan a los líderes económicos y políticos. A su vez, el presidente de Perú, Alejandro Toledo, llamó en Nueva York a «construir un puente» entre el Foro de Davos y el Foro de Porto Alegre. «Necesitamos caminar entre Davos-Nueva York y Porto Alegre», dijo el mandatario peruano.
En cierto modo, ese largo camino empezó ya a hacerse, en la medida que algunos de los grandes temas de Porto Alegre –como la necesidad de reducir la creciente brecha entre ricos y pobres y entre países industrializados y el Tercer Mundo– fueron abordados en los debates en el Waldorf Astoria.
Además, Porto Alegre estuvo presente en Davos no sólo a través de los temas debatidos –pobreza, desigualdad, cólera en el mundo–, sino también porque el Foro Económico Mundial se abrió a la presencia de organizaciones y personalidades que suelen identificarse con los críticos a la globalización, como el arzobispo sudafricano y Nobel de la paz Desmond Tutu.
También estuvieron presentes responsables de organizaciones defensoras de derechos humanos, como Amnistía Internacional, y de lucha contra la miseria en el mundo, como la británica Oxfam. Y, en el contexto de una economía en recesión y del trauma dejado por los atentados del 11 de setiembre, ejecutivos de grandes corporaciones participaron con responsables de organizaciones no gubernamentales en los debates sobre cómo crear un mundo sin terrorismo, que requiere, según se desprendió de cinco días de reuniones, un mundo más justo. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad