El euro se impone en Europa dentro de una semana
Nacido el 1º de enero de 1999, el euro tuvo que esperar tres años antes de poder destronar a las monedas europeas, a las que pronto sustituirá. Tres años fueron necesarios para acuñar 50.000 millones de monedas e imprimir 15.000 millones de billetes. Durante todo este tiempo, los ciudadanos prácticamente ignoraron a su nueva moneda, manteniéndose fieles a las antiguas divisas. «Hasta ahora, el euro era bailar sin música y sin pareja», según el ministro francés de Economía, Laurent Fabius. El 31 de diciembre a medianoche, el euro concreto se sumará a las celebraciones del nuevo año.
El alcance histórico de este evento fue destacado por los jefes de Estado y de gobierno europeos reunidos en cumbre en Laeken (Bélgica) el 15 de diciembre: la llegada de las monedas y de los billetes en euros es «el punto culminante de un proceso histórico de una importancia decisiva para la construcción europea» y da «una expresión visible al proyecto europeo». Punta de lanza de la construcción europea, el euro tiene la misión de reforzar la identidad continental. La moneda europea ha logrado un consenso y, salvo algunas voces discordantes, ha conquistado a la clase política. Los ciudadanos también han decidido adoptar el euro: se precipitaron a comprar las primeras monedas en euros, disponibles desde mediados de diciembre en los 12 países de la zona. Pero el euro también provoca un cierto temor, porque cambia las costumbres, impone una nueva escala de valores, abre una nueva página de historia y entierra las arraigadas monedas nacionales.
Los primeros meses del euro serán los más sensibles. Los bancos y los comercios tendrán que garantizar con seguridad el cambio de miles de millones de billetes, mientras que los consumidores deberán evitar posibles estafas y aprender a contar en euros como se aprende un nuevo idioma.
El impacto económico del euro es igualmente motivo de preocupación entre los ciudadanos, como demuestra que el 60% de los franceses tema que provoque una desaceleración de la economía. La inquietud está alimentada por una coyuntura morosa. La moneda única tiene la mala suerte de llegar cuando Europa, penalizada por la recesión estadounidense, ve frenado su crecimiento. Alemania, la primera potencia económica europea, se halla al borde de la recesión. Puesto a prueba, el euro mostró sus limitaciones: aunque sirvió de escudo para evitar las sacudidas monetarias, no pudo poner a Europa al abrigo del estancamiento mundial.
Las dificultades económicas revelaron, además, los fallos del proyecto europeo. Ante la falta de una unidad económica y política, prevaleció el «cada uno por su cuenta».
Los estados dejaron crecer sus déficit a riesgo de hacer tambalear el pacto de estabilidad, un código de buena conducta presupuestaria destinado a paliar la ausencia de un gobierno europeo. *
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