Plan B en Uruguay; mañana de mañana…
Los indicadores a seguir serán el precio del dólar interbancario y su oscilación en la banda (viernes: 1 U$S = $14,50-$14,55, comprador a 4,5% del piso en una banda de 6%), y la tasa de interés en moneda nacional que estén dispuestas a pagar las instituciones que no quieran vender dólares (viernes: 78% Tasa efectiva anual por operación de un día). Habrá que ver si el ministro Bensión ha logrado o no disuadir eventuales embates especulativos de las principales instituciones financieras.
En la city, baldes de agua
Previsiblemente, el lunes los bancos intentarán mantener sus posiciones en dólares cerrando sus ventanillas a cualquier ampliación de créditos en pesos. En estas condiciones los bancos sólo atenderán necesidades muy urgentes de sus mejores clientes. El resto no sólo tendrá dificultades extremas para descontar cheques en moneda nacional o renovar vales sino que, probablemente, aun en la corta jornada de la mañana del lunes pudiera recibir algún llamado de su gerente de sucursal recordándole que no puede mantener los sobregiros en cuenta corriente o que se terminó el tiempo que disponía para cancelar su vale.
Aún no surgirán las noticias decisivas desde Argentina. Allá los bancos deben abrir sus puertas y teóricamente deben pagar jubilaciones y subsidios por desocupación. Empero, es obvio que en el marco del feriado cambiario el sistema no funcionará. Previsiblemente tampoco habrán novedades significativas en relación al programa del nuevo gobierno y menos aun habrá señales acerca de cómo el increíblemente ambiguo FMI piensa concretar sus promesas de apoyo a los embozados golpistas peronistas instalados provisoriamente en el gobierno.
Así, con una enorme sensación de fragilidad y desconcierto pasaremos la nochebuena y la navidad más pobres y tristes en muchos años.
Miércoles 26…
El miércoles 26 la situación ya será distinta. En Argentina, el peronismo habrá conformado una de sus clásicas alianzas político corporativas. Apelarán a las «fuerzas productivas» para administrar los incendios que se producirán en un mercado que seguirá sin plata, y que ahora se encontrará ante una formidable confusión de programas y proposiciones, pujas de toda naturaleza y probablemente, algún insuceso más. Habrá finalizado formalmente la convertibilidad, más allá de que el nuevo presidente haga extraños votos de adhesión a un régimen que han hecho explotar en mil pedazos. Habrá caído todo el sistema contractual vinculado a la convertibilidad. Declararán la moratoria interna y alguna forma de nacionalización de los depósitos. Paralelamente se intensificará la salida de todas las divisas no capturadas en el sistema bancario. Con muy poca plata, el mercado negro de cambios no se desarrollará demasiado pero aparecerán las cotizaciones de las expectativas más extremas. En los supermercados y comercios que se animen a abrir volverán a funcionar las malditas maquinitas remarcadoras de precios. El miércoles los trabajadores, jubilados y ahorristas ya se habrán percatado que en un país con un 18% de desocupación abierta, sin plata ni crédito, cada punto de devaluación se corresponderá con una caída similar de su capacidad adquisitiva interna de sus remuneraciones. Los que no tienen remuneración fija ni esperanza de tenerla sólo tendrán patacones devaluados o limosnas alimentarias tan insuficientes como indecentes. Entonces volverán a observarse las escenas de confrontación social ahora connotadas de la rabia de quienes vuelven a sentirse utilizados para una nueva estafa institucional.
Uruguay, el plan B
En Uruguay, el gobierno intentará administrar la acomodación a la devaluación argentina. Se ampliará la banda de flotación y el contador Bensión intentará utilizar todo su ascendiente en el sistema financiero para que los bancos no obliguen al BCU a defender los nuevos techos de la banda. Las tasas de interés interbancarias se situarán muy cerca de los límites máximos fijados por la ley de usura y probablemente el BCU aumente sus propias tasas ubicadas hoy alrededor del 17% -19%.
El Ministerio de Economía intentará elevar los aranceles de importación para algunos rubros muy sensibles al ingreso de mercadería argentina y probablemente consienta instrumentar algún apoyo a las exportaciones a la vecina orilla o a los sectores más afectados, lo que inevitablemente será una muy mala temporada turística.
Luego, Uruguay se dispondrá nuevamente a esperar que se disipe la incertidumbre cambiaria. Lo que equivale a decir que durante unos cuantos meses caerán aun más los ya disminuidos niveles de inversión con su consecuente impacto sobre el nivel de actividad y empleo. *
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