Cada propuesta económica responde a intereses diferentes
DANIEL OLESKER
Entonces frente a esta situación caben dos posibilidades
a) si Argentina confirma su devaluación, devaluar
b) mantener el tipo de cambio como hasta ahora
En el primer caso nos surgen las siguientes preguntas
—¿qué pasará con los cientos de miles de uruguayos empresarios y consumidores que, impulsados por la política económica, se endeudaron en dólares y ahora peligran deber mucho más?
—¿qué pasará con los miles de uruguayos que realizaron contratos de arrendamiento, etcétera, en dólares?
—¿qué pasará con los trabajadores cuyos salarios no se ajustan hace tiempo, y a los que la inflación por el aumento de los bienes importados (petróleo y otros) llevará a que pierdan salario real?
En el segundo caso nos preguntamos
—¿que pasará con la competitividad uruguaya frente a Argentina, que el ministro reconoce que aumentó un 15%, si de un plumazo pierde entre 30 y 50%?
—¿qué pasará con la actividad turística en la que a los argentinos se les encarecerá la vida en Uruguay y dejarán de venir en la magnitud proyectada para 2002?
Frente a esto el ministro debe dar respuestas. Si afirma que no habrá devaluación, deberá hablar de la competitividad y si habrá devaluación, deberá dar respuesta a las deudas en dólares y a la reducción de salarios y jubilaciones.
Nuestras propuestas
Nosotros en este mismo diario hemos avanzado una respuesta que contempla las dos situaciones y que se resume en tres puntos:
—tipo de cambio diferencial devaluando el dólar comercial para recuperar competitividad de las exportaciones y aumentar la protección de la producción nacional referente a la importada.
—Al mismo tiempo, dejando igual el financiero para evitar por un lado que los endeudados en dólares quiebren y al mismo tiempo por otro lado que los tenedores de dólares (depósitos, etcétera) tengan un beneficio que no corresponde.
—Finalmente decidiendo que a los 3 meses se ajustarán los salarios por el equivalente a la inflación de ese período para evitar una pérdida grande de poder de compra de trabajadores y por ende jubilados.
La soberbia del ministro y el verdadero debate
La otra parte de la intervención del ministro fue la de criticar nuestras propuestas por inconsistentes, anacrónicas y desubicadas. Y como al hablar del PIT-CNT dijo que padece de muchas cosas horribles, entre ellas la de mala economía, y como yo soy el economista director del Instituto Cuesta Duarte, supongo que hacia mí van dirigidas las críticas. Yo no he sido tan elíptico para criticar al ministro; a diferencia de él lo digo con nombre y apellido.
Y entonces lo primero que uno debe decir es que no se puede ser tan soberbio de criticar a los demás si el ministro, siendo el responsable de la política económica del país, en dos años de gestión aumentó el número de desocupados de 156 a 225 mil, llevó al cierre a no menos del 30% de los establecimientos industriales, comerciales y rurales, no bajó el déficit fiscal como prometió y profundizó la recesión transformándola en crisis.
Y al mismo tiempo cuando casi todo el espectro social desde productores a trabajadores, pasando por empresas de la salud, rechaza la política económica el ministro, al menos debería preguntarse y dudar si va por el camino correcto. Nosotros, que no decimos que tenemos la única verdad sino que buscamos caminos de salida a la crisis actual, hacemos por ello diversas propuestas que se sustentan en la necesidad de reactivar el mercado interno, mayor protección a la producción nacional, rebaja de las tasas de interés e inversión pública. Y no debe ser tan anacrónica pues en Europa están de moda y también las aplica en parte Chile y el Brasil de Fernando Henrique Cardoso.
Por ello el tema es debatir las distintas posturas y no asumir con soberbia que solo una vale.
Las diferentes posturas reflejan diferentes intereses y por ende lo que está en juego no es posturas modernas versus propuestas anacrónicas sino propuestas que defienden a los banqueros, las grandes superficies comerciales y los grandes exportadores (la del Ministro y el gobierno) y posturas como las nuestras que defienden a los trabajadores y a los pequeños y medianos empresarios de la ciudad y del campo. Ese es el verdadero debate. *
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