Cavallo es cuestionado por todos; ya opinan hasta los organismos internacionales

Los que entronizaron a Cavallo ahora piden su cabeza

El que una vez fuera niño mimado de Wall Street, a quien algunos acusan de haber perdido el rumbo entre una niebla de intrigas y ambición política, ve cómo languidece el brillo de su estrella, atada a la suerte de un profundo estancamiento económico, que ya dura cuatro años, y que podría arrastrar a la economía global.

Con el recuerdo aún fresco de los manifestantes que le arrojaron huevos a la salida de la boda de su hija hace unos meses y ante el hecho de que varias fuentes del FMI pongan en tela de juicio su liderazgo, muchos culpan a Cavallo del aparentemente interminable derrumbe de Argentina.

Pero, sea como sea, los analistas afirman que la suerte de Argentina en las próximas semanas, mientras intenta evitar un incumplimiento de su deuda o una devaluación de su moneda, está irrevocablemente ligada a este hombre de 55 años, hijo de un fabricante de escobas, de ojos azules y temperamento al rojo vivo.

«Es obvio que a Cavallo no le queda ninguna credibilidad», dijo Hernán Fardi, analista de la consultora Maxinver.com. «Esa es realmente una mala noticia teniendo en cuenta que la fortuna del país está en su capacidad para hacer que la gente crea».

 

Un cambio radical

El reconocimiento de Cavallo, el pasado sábado, de que Argentina está peor desde que él es ministro de Economía es un cambio radical con respecto a sus intrépidas predicciones, en marzo, de que la economía crecería un 7 por ciento para finales de año y sus calificaciones de los que dudaban de su palabra como «chicos miopes». Los obervadores dicen que el exceso de confianza hacia el funcionario provino de su anterior período como ministro de Economía, de 1991 a 1996, cuando alcanzó una fama internacional porque terminó con décadas de hiperinflación al instaurar el sistema de convertibilidad, que ata el valor del peso al dólar. Varias fuentes del Fondo Monetario Internacional dijeron a la agencia de noticias Reuters el martes que el organismo considera retrasar el desembolso de casi 1.300 millones de dólares, como parte de un paquete de préstamos, y que el país necesita urgentemente para pagar servicio de su deuda. Un funcionario del Fondo, que no se quiso identificar, incluso expresó frustración ante la aparente creencia de Cavallo de que puede manejar el país solo. «Es, básicamente, Cavallo actuando por su cuenta. No sólo no nos consulta sino que a menudo tenemos la impresión de que no consulta a sus propios asesores», dijo un miembro del Directorio del FMI. En la raíz de esa actitud percibida como megalomaníaca, podrían estar las ambiciones presidenciales de Cavallo que, según los críticos, es lo que le ha reprimido en ocasiones de adoptar medidas económicas duras necesarias para salvar a Argentina de un gasto excesivo crónico en medio de una fuerte crisis.

«Cavallo ha tratado, básicamente, de jugar un juego político en lugar de uno económico. Lamentablemente, le ha salido horriblemente mal», dijo James Neilson, un analista político.

 

Los conejos del ministro

Otros observadores dicen que Cavallo ha hecho todo lo que podía en una economía castigada por años de agudos déficit fiscales, una clase política amargamente dividida y unos ciudadanos agobiantemente obsesionados con su decadencia.

«Yo no culpo a Cavallo, que se encontró con que tenía que enfrentar esta realidad y ha hecho lo que ha podido», dijo Daniel Tillotson, analista de mercados emergentes de Prudential Securities a Reuters. «Si él no hubiera estado a cargo habría sido mucho peor».

La mayoría de las medidas económicas de Cavallo han sido recibidas con constantes jornadas de ventas en los mercados financieros, que se quejan de que el economista educado en Harvard ha tornado complicadas las políticas sencillas que él mismo creó y que le convirtieron en héroe hace una década.

En 1991, los argentinos, agradecidos, entendieron que un peso era igual a un dólar. En 2001 el país se funde en varias tasas cambiarias, múltiples monedas y estrictos aunque confusos límites sobre cuánto efectivo pueden extraer los argentinos de los bancos.

«Ha perdido el control», dijo Fardi. «Cavallo pensó que su palabra era sagrada, que los mercados no cuestionarían lo que él decía.

Así es como era antes. Pero ahora parece que lo que está haciendo es más compulsivo que planificado». Aun así, otros no pueden evitar preguntarse si la aparente improvisación de Cavallo no fue, en realidad, el trabajo de un genio.

«Este no es un tipo estúpido», dijo Alberto Bernal, economista de IDEAglobal, una organización de investigación de Wall Street. «Sabe cómo funcionan los mercados y lo que está haciendo no es por elección sino por necesidad. Es muy fácil estar en contra de él, pero, simplemente, no hay alternativa».

Es con ese viejo aura de poder que envuelve a Cavallo, la idea de que nadie está mejor preparado que él para manejar la política económica de Argentina mientras se balancea al borde del abismo, con lo que algunos cuentan para evitar que el país caiga en el desastre. «Sacó ya un montón de conejos del sombrero antes, y aún podría hacerlo de nuevo», dijo Tillotson. *

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