Ventas cayeron un 40% en los primeros días de las medidas
Los comerciantes minoristas y trabajadores independientes argentinos se convirtieron en la primera víctima de una serie de restricciones financieras que impuso el gobierno para frenar una fuga de depósitos bancarios, pero que, según algunos analistas, profundizará la recesión en el país. La medida limita las extracciones de efectivo de los bancos y prohíbe transferencias de fondos al exterior, lo que restringe el efectivo en una nación ya castigada por una crisis económica.
De ahora en adelante, los argentinos, de los que sólo una minoría está bancarizada, deberán usar al máximo sus tarjetas de crédito o débito para sus gastos comunes, ya que sólo podrán extraer del banco 250 dólares semanales. Según datos privados, una familia argentina necesita unos 1.500 dólares mensuales para cubrir sus necesidades básicas. «Esto es un golpe recesivo. Hay 500.000 comercios que no aceptan tarjeta de crédito ni de débito y la gente no compra nada en efectivo», dijo a la agencia Reuters el presidente de la Cámara de Actividades Mercantiles Empresariales (CAME), Osvaldo Cornide, que agrupa a pequeñas y medianas empresas en el país.
Según la entidad, entre el lunes y el martes, los días inmediatamente posteriores a la implementación de las medidas las tiendas vendieron un 40 por ciento menos en comparación con los mismos días de la semana anterior. En algunas provincias, la falta de circulante es tan crítica que tuvieron que emitir en los últimos meses una moneda propia para afrontar gastos y pagar sueldos de empleados públicos. Para los trabajadores independientes, como los taxistas, el panorama es desolador. «Ya veníamos mal, imaginate ahora, éste es el tiro de gracia», se quejó Darío, un taxista que esperaba paciente en una esquina a que algún porteño solicitara sus servicios. Los anuncios, según los comerciantes, limitan el consumo de inmediato, dado que la población buscará no gastar sus billetes y preservarlos para pagar las necesidades básicas que no se pueden abonar por medios bancarios. Los analistas también consideraron las restricciones bancarias como recesivas, aun más en un país donde el principal motor de la economía –el consumo interno– está en una situación crítica. Además, la decisión del gobierno de regular el sistema financiero supone un golpe contra la enorme economía informal de Argentina y el trabajo en negro, y un alivio para el fisco, que a través de los bancos podrá supervisar mejor el pago de impuestos, cuya recaudación ha caído agudanente desde hace meses por la crisis y un aumento en la evasión.
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