Domingo negro: no había dinero en los cajeros

Tarjeta de débito en mano, muchos se lanzaron a las calles desde temprano para correr un maratón interbancario, según relataba ayer el diario Clarín.

Algunos querían rescatar su sueldo, recién depositado. La mayoría tenía el miedo a perder sus ahorros dibujado en la cara, mientras esperaba con impaciencia en las puertas de los cajeros. Pero la frustración estaba a la vuelta de la esquina: en una buena parte ya no quedaba dinero y en las pantallas centelleaba el temido mensaje de «No se puede realizar la operación».

En las zonas comerciales de barrios como Belgrano, Caballito o Villa Crespo, la atmósfera estaba caldeada. En las puertas de los cajeros que aún tenían reservas se formaban filas de 7 u 8 personas. Dedos nerviosos aporreaban las teclas para dar una única orden: «Adelanto/Extracción».

«Ayer, después de escuchar lo que se decía por televisión, fui a un cajero automático. Quería 750 pesos, pero sólo pude sacar 450. Ahora voy a ver si puedo conseguir un poco más».

«Quiero recuperar mi plata porque tengo miedo de lo que pueda pasar. Estoy preocupada: con esto de que no se pueden sacar más de 1.000 pesos por mes no sé si voy a poder cumplir con mis compromisos», confesó María Delia Pagés, una empleada de la UBA que hacía cola en el Banco de Galicia de Córdoba y Scalabrini Ortiz.

En la puerta esperaba una docena de personas, en corrillos protestones. Con más o menos insultos, todos repetían un argumento parecido. «Esto es ilegal. No pueden restringirme el acceso a mis ahorros. Yo me gané esa plata trabajando y tengo derecho a gastarla cuando y como quiera», reclamaba José Segura, de 60 años, que resumía lo que pensaban todos.

A punto de entrar al cajero, Valeria Ochoa estaba ansiosa y apurada: «El sodero me está esperando en la puerta de casa para que le pague. No tengo ni un peso encima, así que necesito efectivo sí o sí», aseguró. En ese momento, Inés Martiarena salía triunfante apretando un puñado de billetes. «Recorrí dos o tres cajeros, pero ya no tenían plata. Menos mal que en éste todavía queda algo», suspiró aliviada.

En el microcentro, el clima era de una tensa calma. La quietud contrastaba con las corridas del viernes, cuando los bancos fueron desbordados por una horda de ahorristas en busca de sus depósitos. En las avenidas Corrientes, Santa Fe y Florida, ya casi no se veían colas en los cajeros. Cada tanto entraba alguna que otra persona. Y algunas se llevaban sorpresas. Como Norma Cabrera, de 32 años, que no entendía por qué esa mañana el cajero de Corrientes y Uruguay le había entregado nada más que 500 pesos. «Intenté en otro y me apareció un cartel que decía que había excedido mi límite de extracción», protestó.

Así, sin anestesia, se enteró de que no se podían sacar más de 500 pesos por día.

En el barrio de Caballito, Claudio Falvella (34) esperaba frente a la Banca Nazionalle del Laboro, de Rivadavia al 5100, lamentando no haber sido más previsor. *

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