Banco Mundial entiende que hay programas obsoletos y mal focalizados

Recomiendan al gobierno reforma de algunos programas sociales

No obstante, el BM sostiene que la pobreza en Uruguay disminuyó, especialmente en Montevideo, en la primera mitad de la década de los noventa, pero la recesión de 1995 (efecto tequila) produjo un brusco aumento en los niveles de pobreza, seguido por un leve incremento anual. A pesar de ello, la distribución del ingreso aún está entre los más equitativos de América Latina, aunque desde principios de los años noventa ha mostrado un ligero empeoramiento.

En el marco de las Jornadas de Economía y Empleo, organizadas por los departamentos de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales y la Facultad de Ciencias Económicas y Administración, la economista senior del BM, Judy Baker, presentó ayer el informe «Uruguay: preservación de la equidad social en una economía cambiante», que analiza los temas vinculados con la pobreza, vulnerabilidad y política social en el contexto de una economía uruguaya cambiante.

La economista dijo a LA REPUBLICA que las tendencias de la pobreza, de acuerdo a las medidas realizadas, en la primera etapa de la década de los noventa bajaron mucho, pero después del 95 aumentaron como consecuencia de la crisis mexicana. Sostuvo que los efectos de la recesión mundial y la situación de Argentina y Brasil provocarán un aumento de los niveles de pobreza en Uruguay en los próximos años.

Los nuevos pobres

La experta opinó que el perfil de los pobres en Uruguay está cambiando e incluyó una nueva categoría en la denominación convencional: «los nuevos pobres».

En ese contexto, explicó que estas personas están engrosando los asentamientos irregulares y sus necesidades son diferentes con respecto a los pobres crónicos. «Los nuevos pobres no pueden mantener el nivel de vida de años anteriores, entonces se trasladan hacia los asentamientos».

Baker puso especial énfasis en la importancia de los programas sociales para las familias ubicadas debajo de la línea de pobreza, y aconsejó al gobierno expandir los programas de alimentación y nutrición, capacitación juvenil, guarderías y transferencias en efectivo.

«Algunos de estos programas, como la Alimentación Materno-Infantil, Almuerzos Escolares, Vivienda Rural, Projoven y centros de guarderías Caif están bien orientados a grupos específicos, aunque la cobertura de algunos de ellos es baja. Pero otros programas están obsoletos y mal focalizados. Diversos servicios son entregados por el gobierno central y por el municipio local, creándose problemas de duplicación (especialmente en Montevideo). Una mejor coordinación entre los ministerios y las redes existentes (como el sistema educacional) para entregar los servicios permitiría abordar estos problemas», comentó la experta.

Expreso que el programa Caif tiene mucho éxito, está bien focalizado y tendrá beneficios en el largo plazo. También dijo que los programas de viviendas urbanas, de alimentación para ancianos y los subsidios a los estudiantes universitarios no están bien focalizados; en el último caso señaló que «en general las personas que asisten a la Universidad se encuentran entre los sectores más ricos de la población». «La idea es expandir programas en los asentamientos irregulares como forma de mejorar la situación de las personas y en el futuro focalizar los préstamos del Banco Mundial en la educación primaria en los barrios marginales; esto contribuiría a disminuir un poco la inequidad social», afirmó. Baker sostuvo: «estamos ante la presencia de un fenómeno nuevo que implica un deslizamiento de la pobreza hacia la expansión de la marginación». Dijo que esta situación se origina por la concentración geográfica, una nueva segmentación y fragmentación en la sociedad. «Esas personas son pobres, pero también están excluidas de la participación en los mercados laborales, en los servicios y redes sociales».

Algunas modificaciones

El documento explica que «muchos de los programas sociales actuales no han ido al paso de los cambios en el perfil de los pobres que han resultado de las variaciones en las condiciones demográficas y sociales, al igual que la modernización de la base productiva de Uruguay, la que podría haberse acelerado a fines de los años noventa.

En este sentido, es especialmente importante integrar las políticas sociales con la reciente evolución que ha mostrado el papel del Estado, las prácticas comerciales del sector privado, el uso de la tecnología y la competencia en la era de una economía global. Se necesitan programas de diseño reciente que entreguen mejores servicios de planificación familiar a los pobres, dadas sus tasas de nacimiento relativamente altas, y educación de recuperación para jóvenes y adultos que han desertado de la escuela y no pueden encontrar empleo. Se requiere reestructurar o posiblemente eliminar los programas mal enfocados (como programas para la educación universitaria y de viviendas urbanas) y los que estén mal diseñados (como el programa de alimentación para los ancianos que los obliga a solicitar un certificado y a retirar personalmente la canasta de alimentos).

La carga de traslado puede ser significativa para los ancianos. *

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