ANALISIS NACIONAL

Nuevos datos, más incertidumbre

JORGE JAURI

 

Al fin, el jueves pasado el Banco Central decidió no aguardar más y realizar su primera emisión de Bonos en la Bolsa de Nueva York destinada a financiar el incremento del déficit de caja que el gobierno prevé para el primer semestre del año próximo. Para ello, el gobierno debió registrar, en el ya famoso marcador del riesgo de los países emergentes, un valor más elevado que el que tienen emisiones similares del gobierno comercializadas en el mercado local -310 puntos básicos. El análisis de oportunidad y costos de la nueva emisión del gobierno merece un comentario que está fuera de los objetivos de esta nota. Empero, importa tener en cuenta los datos principales: el gobierno no tiene aún dificultades para seguir financiando sus déficit operativos en los mercados de capital ya sean nacionales o internacionales. Pese a lo cual, las nuevas emisiones ya no tienen ni tendrán los bajos costos que deparaba el investment grade.

Paralelamente el Banco Central continúa ampliando su emisión interna de deuda instituyendo formalmente un programa mensual cuya regularidad e impacto ha terminado de distorsionar lo que quedaba de pobre mercado nacional de capital. En otros términos, ninguna empresa privada que deba financiarse en el Uruguay aspira a construir proyectos que se financien en «la bolsa» si deben competir con la mandrágora del BCU aspirando todo el capital de riesgo que decide no depositarse en el circuito comercial.

Por último, el BCU toma todo el dinero que quieran colocarle los bancos cotidianamente a una tasa que remunera ampliamente los costos de captación y operación de estos fondos. El aumento del endeudamiento del Estado y sus costos financieros crecientes eran variables previsibles. Empero, en el contexto de las actuales dificultades que tiene el sector privado para operar, ese aumento del endeudamiento tiene un efecto distorsivo muy significativo. En particular, el BCU está contribuyendo a los esfuerzos que hace el Banco de la República para ponerle un piso a la tasa de interés local. Piso que contribuye grandemente a que los costos del dinero sigan siendo extraordinariamente elevados en el Uruguay.

Pero este es un dato que complica hace ya demasiado tiempo la ahora impostergable reactivación de la economía. Es conocido y las nuevas salidas del recaudador financiero del Estado sólo agrega elementos a las preocupaciones ya existentes en este sentido.

Lo realmente significativo es la aceptación de la permanencia de las causas básicas que determinan este aumento permanente del endeudamiento. El problema ni siquiera es la existencia de ese déficit creciente del Estado que obliga al recaudador y al agente financiero del Estado a seguir aumentando impuestos y costos financieros. Contexto en el cual la estabilidad queda reducida a su valor de ordenamiento y transparencia –lo que no es menor–, pero que a los efectos prácticos sobre los costos del Estado están sirviendo realmente para muy poco.

El dato de la nueva emisión y otros que han venido surgiendo en los últimos días están conformando un escenario que comienza a tener aristas nuevas. Entre esos datos, las causas del aumento del déficit y sus formas de financiamiento no son menores. La «salida» argentina que parece irse afirmando integra o subraya otros dos datos importantes. Que de allí no surgirán motivos inexcusables para medidas de corrección fuertes del gobierno uruguayo, mayor devaluación por ejemplo. Y que el nivel de actividad uruguayo no se beneficiará de una recomposición marcada de la demanda argentina. Hay otros datos que ahora importa sean reconocidos por el gobierno con mayor realismo. Por ejemplo, que la estrategia de reforma y habilitación del ingreso del capital privado a la mejor gestión de las empresas públicas y a la obtención en dicho proceso de recursos frescos presenta dificultades que no pueden superarse con el concurso del voluntarismo de un sector muy minoritario de la coalición de gobierno. Así planteado el proceso de la reforma de las empresas públicas compromete las mejores expectativas que éste pudiera haber despertado en algún momento.

Por último, las dificultades que está teniendo el Presidente para explicar al resto del sistema político qué es lo que realmente se propone en materia de política exterior completa un panorama demasiado incierto como para pensar en pasar el estío sin proposiciones más audaces. Las que deberían ser formuladas en una perspectiva de generación ahora más posible de nuevas alianzas que las impulsen. *

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