Premio Nobel cuestionó a los privatizadores a ultranza
«Tenemos que buscar cuál es el mejor sistema, público o privado, que podemos crear y ser conscientes de los buenos y malos argumentos para cada uno de ellos», sintetizó el experto durante la conferencia «La transición de una economía regulada a una economía de mercado», que se realizó ayer en el salón de actos del Banco Central (BCU).
El economista norteamericano describió los problemas de la privatización y la desregulación y enumeró una serie de fracasos en la privatización de los ferrocariles en Inglaterra, compañía de electricidad (California-Estados Unidos), sistema vial (México), suministro de agua (Bolivia) y privatizaciones en la ex Unión Soviética.
Entre los problemas de la privatización y regulación señaló que con la privatización de los monopolios muchas veces se es más eficiente en explotar al consumidor. «Si uno privatiza un monopolio, la empresa tiene un incentivo al utilizar el dinero en mantener el propio monopolio». En tanto, dijo que «uno de los argumentos para la privatización es que las empresas estatales son corruptas, pero los problemas no se resuelven con la privatización, porque en muchos casos la privatización ha llevado a la institucionalización de la corrupción».
Stiglitz cuestionó el papel desarrollado por los «misioneros» del Fondo Monetario Internacional (FMI), que durante años han promovido la privatización de las empresas públicas en diferentes países del mundo y cuyos resultados fueron negativos para las economías, con procesos de enriquecimiento, chantaje y soborno de las empresas de la sociedad.
Dijo que existen riesgos asociados en los cambios de los contratos, porque las cláusulas protegen el abuso y no permiten resolver los problemas. «En el caso de la renegociación de la naturaleza de los contratos las empresas, en la licitación, hacen una oferta demasiado baja, pero luego renegocian porque quieren un precio más alto».
En materia de sugerencias, el Premio Nobel 2001 indicó que la la competencia proporciona información sobre los números razonables del sector en materia de precios y costos, y permite comparar los servicios en países con similares características.
Sostuvo luego: «Hay que tener cuidado con los abusos, hay que tener una supervisión muy estrecha». Y agregó que la explotación de las líneas de trasmisión de la electricidad y el gas natural con frecuencia son «cuellos de botella» en donde el poder del monopolio se ejerce.
«Las complejidades hay que enfocarlas con mucha cautela. Uno puede aprender de los problemas de estos países, pero cada país tiene dificultades particulares y, por lo tanto, con apurarse y hacer las cosas rápidamente no se consigue nada y se arriesga mucho. El gobierno tiene un rol importante en la reestructura de las reformas», afirmó.
Para el economista las empresas tienen que actuar de acuerdo a los intereses de la sociedad y no respecto a los intereses de los gremios, de la administración y de la gerencia. «Socializar las empresas nacionalizadas es una tarea extremadamente difícil».
Inflación conveniente
Contrariamente a las opiniones de varios economistas, Stiglitz consideró que los aumentos moderados en la inflación permiten a los países reducir el desempleo, sin perjuicio del resto de la economía.
En el caso de los Estados Unidos, los aumentos de la inflación «no tienen efecto significativo adverso y es muy difícil comprobar que la inflación es mala». Añadió que los directores de los bancos centrales «creen que la inflación es como el alcoholismo y, en realidad, no hay ninguna prueba estadística de que la inflación crezca más rápido». «Arriesgando un poco de inflación, se puede conseguir que el desempleo baje cada vez más». Dijo que las devaluaciones en América Latina y en el resto de las economías mundiales desde 1996 a la fecha «no han sido inflacionarias».*
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