El buen Estado arrastrado a la quiebra
POR JORGE JAURI
El miércoles pasado el Ministerio de Economía confirmó que, efectivamente, la recaudación de la DGI correspondiente a setiembre había tenido una caída mayor al 7% en dólares en relación al mismo período del año pasado. En la misma comunicación el MEF anunció que la recaudación del BPS correspondiente a agosto había disminuido a tan sólo U$S 91 millones, un tercio menos que los U$S 131 millones recaudados en setiembre de 2000. Conjuntamente con el resto de las cuentas de ingresos y egresos, este «inesperado» comportamiento de las fuentes de recaudación principales había determinado un sensible agravamiento de la situación fiscal. El déficit global del Estado al término de los doce meses finalizados en agosto ya se había elevado a los U$S 730 millones.
Empresas quebradas
En la información proporcionada hay un conjunto de datos que agregan precisión y razones para entender qué es lo que está sucediendo en el frente fiscal. Una de las más significativas es la que describe la situación de caja de algunas de las empresas del Estado. En el mes de agosto los ingresos por ventas de combustibles y servicios de Ancap venían cayendo a tasas mayores del 5% en dólares lo que suponía caídas interanuales del orden de los U$S 12 millones mensuales. Algo peor sucede con el resto de las empresas públicas y, en particular, esa tendencia es realmente dramática en el caso de las empresas que, quieran o no, ya no pueden mantener la recaudación monopólica. Es el drama de Antel obligado a continuar siendo un monopolio formal carente de instrumentos ni posibilidades siquiera de explicarles a sus tres millones de dueños qué es realmente lo que está sucediendo. En cambio y pese a ser imaginable, en el área de las empresas financieras del Estado es absolutamente imposible saber qué es lo que está sucediendo. Probablemente lo que esté sucediendo sea más complicado aún que lo que sucede en las empresas comerciales estatales. El retraso uruguayo en materia de contabilidad de la gestión de la Banca estatal no logra ser removido ni aún luego de haberse incorporado metas al respecto en las últimas cartas de intención suscritas con el FMI. Empero no es necesario ser demasiado zahorí para imaginar que es lo que estarían diciendo los estados de resultados –si alguien los pudiera compaginar– del Banco Hipotecario y del Banco de la República. Resta aún incorporar al estado de cuentas de la nación la nada despreciable pérdida parafiscal que debe estar aportando el BCU transformado con sus actuales tasas de interés en el mejor cliente de cuanto prestamista deambule en el mercado financiero.
Pese a que los responsables de la programación económica del gobierno consultados el viernes sostienen que aún es posible recomponer los equilibrios básicos, aún con los escasos datos que posee, la población debe estar comprendiendo que el país ha ingresado en una zona donde la posibilidad de seguir pagando el presupuesto comienza a comprometerse realmente.
Naturalmente, el problema principal no son los resultados. Pese a la distorsión agregada que estos producen cuando hay que financiar los nuevos déficits con endeudamiento y ajustes tan velados como permanentes. El problema sigue siendo la permanencia de un plan de negocios uruguayo que ha venido incorporando pérdidas sistemáticas hace ya demasiado tiempo. Ahora, sencillamente, este negocio está quebrado y no puede seguir siendo financiado. Se ha terminado el crédito externo y es amoral seguir contemplando cómo el Estado le pide a los uruguayos que aumente el financiamiento de esta quiebra.
El verdadero desvalido
Ese quebranto del Estado industrial y sus empresas financieras está arrastrando al abismo a las áreas de ese mismo Estado que sí son absolutamente imprescindibles y en las cuales, ahora, su protagonismo obligatorio exige más dinero, más tensión, más patriotismo y más pericia: la administración del derecho, la salud, la administración fiscal, la regulación en su más amplio espectro, y sobre todo, la única empresa en la cual la inversión de los uruguayos pudiera generar valor real comercializable en el futuro: la educación.
Hay tareas nacionales obvias que se desprenden de un cuadro de esta naturaleza.
Siempre es posible aceptarlas o seguir fingiendo la demencia senil de un país en el cual los padres van evacuando sus hijos para mantener un viejo barco a flote en el cual se han resignado a vivir muy mal.
Si Argentina fuera saliendo sin la espectacularidad permanente del default, si el carbunco, la aftosa, y lo absurdo del bombardeo de cuevas vacías y mulas famélicas dejaran de ser las fuentes únicas de la adrenalina uruguaya durante algunas semanas, quizás y aún en el estío este país aún pueda abocarse a discutir lo esencial y en familia. *E
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