El canje es de rentabilidad por seguridad
Argentina debe canjear bonos por lo menos 15.000 millones de dólares para garantizar el éxito de una reestructuración de la deuda pública, dijo ayer Horacio Liendo, asesor del Ministerio de Economía.
«Si no canjeamos bonos por al menos 15.000 millones dedólares, el plan fracasa», dijo al diario Clarín el abogado que asesora al titular del Palacio de Hacienda, Domingo Cavallo, y es considerado el mentor legal de la operación financiera.
Cavallo y el presidente argentino Fernando de la Rúa anunciaron el jueves por la noche una reestructuración voluntaria de su deuda pública de 132.100 millones de dólares que busca alejar al país de una cesación de pagos y poner en marcha una economía estancada desde 1998.
El ministro de Economía dijo que ofrecerá a los tenedores de bonos argentinos la opción de transformarlos en títulos garantizados, con una tasa de interés sensiblemente inferior a la que actualmente pagan.
Aunque la operación es voluntaria, Cavallo aclaró que el Estado no tiene los recursos para garantizar el pago de los viejos títulos, que devengan en promedio tasas de interés del 11 por ciento contra 7,0 por ciento de los bonos que se planea emitir.
La operación significaría para el Estado un ahorro de 4.000 millones de dólares anuales desde 2002, lo que daría oxígeno a la economía. Argentina destina por año 10.000 millones de dólares sólo al pago de intereses de la deuda pública, y en 2001 tendrá un déficit fiscal de unos 6.500 millones.
El gobierno necesita ese ahorro para llevar adelante un plan que estipula que el Estado no puede gastar más de lo que recauda y que tras la caída de 11,3 por ciento en la recaudación de octubre respecto de octubre de 2000 se vuelve cada vez más difícil de cumplir. El gobierno planea ofrecer el canje primero a los tenedores de bonos domésticos (bancos con sede en el país y fondos previsionales) que luego se extenderá a títulos internacionales en una operación que duraría unos tres meses.
Rentabilidad por seguridad
Aunque Liendo se mostró optimista acerca de la participación de los inversores en el canje, éstos reclaman al gobierno que proporcione más detalles sobre la estructura de los bonos a emitir.
«Finalmente se darán cuenta de que no es un mal negocio canjear rentabilidad por seguridad (…) Para salir de la crisis se necesitan medidas audaces», señaló el asesor. Calificadoras de riesgo habían advertido que la reestructuración podría ser vista como una cesación de pagos encubierta si significa pérdidas para los acreedores.
El viernes por la tarde, la agencia de crédito Fitch recortó la calificación de deuda soberana a largo plazo de Argentina a dos pasos de la categoría de default y advirtió que el plan de reestructuración de deuda podría llevar a los tenedores de bonos a sufrir pérdidas forzosas.
De la Rúa enfatizó en su discurso del jueves que el país cumplirá sus compromisos y mantendrá el sistema de cambio fijo que desde 1991 ata al peso argentino con el dólar en paridad uno a uno. La operación recibió la bendición tanto del Fondo Monetario Internacional (FMI) como del Grupo de los Siete (G-7) –conformado por los países más desarrollados– que dijeron estar complacidos de que Argentina enfrente los problemas de su deuda. El FMI se comprometió en agosto a aportar 3.000 millones de dólares para la reestructuración de la deuda argentina, pero aún no ha dado fecha de desembolso.
Esta es la tercera reestructuración de deuda que el gobierno argentino encara este año. *
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