UCR y CGT piden renuncia de Cavallo
ISIDORO GILBERT
Fernando de la Rúa está más aislado que nunca mientras Domingo Cavallo, que fue ratificado ayer al igual que el curso de acción económica, se encuentra en medio de una marejada que exige su dimisión. El ministro de Economía regresa hoy de un viaje «secreto» de dos días a Nueva York en busca de auxilio que, aparentemente, se frustró. Ayer los pronunciamientos contra el padre de la convertibilidad se convirtieron en torrente. Primero, el Comité Provincia de la UCR, el más influyente de esa agrupación, sus directivos y diputados por ese distrito, le dijeron desde la lejanía a De la Rúa que no votarán ningún nuevo ajuste y que lo mejor que podría hacer es despedir a su ministro. Raúl Alfonsín, senador electo por esa gran provincia, palabra más, palabra menos, ratificó su posición contraria a Cavallo. O mejor dicho, a su política de ajuste, criterios que en un encuentro conjunto los senadores electos Eduardo Duhalde (PJ Buenos Aires) y Rodolfo Terragno (Alianza porteña) explicitaron a la prensa.
En esa misma melodía, Hugo Moyano, secretario de una de las dos CGT, reiteró lo que es una letanía en ese sector: que Cavallo debe irse. Y en la cámara baja está planteada una moción de todos los bloques, para quitarle los poderes especiales con los que armó el programa de ajuste, que nunca termina por concluir. Hay que estar atentos con las palabras: algunos legisladores radicales le confesaron a este diario que «era preferible» que la sesión para bajarle poderes a Cavallo «no se hiciera». Se podría entender el deseo como una postura para no perturbar las supuestas gestiones del ministro (supuestas porque todo está en el aire y nadie confirma que haya podido hacer una reunión de fuste en Nueva York). Pero también porque los radicales no saben con qué reemplazar al discutido economista.
De la Rúa pinchó todas las expectativas sobre una importante reorganización del gabinete nacional, al designar como ministro de Desarrollo Social a un ignoto funcionario que pasó por la administración radical en la provincia de Río Negro. Se trata de Daniel Sartor, notorio porque manejaba la camioneta donde en 1999 Raúl Alfonsín tuvo un grave accidente en una gira proselitista por esa provincia. Para peor, según Radio Mitre, Sartor tiene un juicio por defraudación.
Irritaciones
Sea esto cierto o no, el nombramiento luce a un rugido de ratón. Ahora desde sectores oficialistas vienen mensajes de que no habrá profundos cambios. De la Rúa simplemente por ahora cubrió el cargo que dejo Juan Pablo Cafiero y con esta salida se clausuró la permanencia de este sector en el gobierno. Falta darle toques finales en una dura discusión interna de qué hacer con esa fuerza que alguna vez pareció convertirse en la voz del progresismo. El horno no está para bollos. Los radicales que por un lado piden la testa de Cavallo, por el otro, sus legisladores más influyentes ayer hacían lo imposible para que la Cámara baja no tratara de que se le quitaran los poderes. En los despachos de los legisladores peronistas sólo se escuchan duros epítetos contra el mismo presidente por su excesiva lentitud para tomar decisiones y que cuando las toma, caso Sartor, hunde en la desesperación a casi todos.
«¿Es un mensaje al partido radical?», preguntó LA REPUBLICA a un vocero partidario. La respuesta fue contundente: «Las únicas señales que queremos recibir son las de cambios en la política económica y la salida de Cavallo. En cuanto a ministros, que haga (De la Rúa) lo que quiera».
Estas expresiones que son el sentir de un sector de la UCR muestra el clima de la inminente reunión del Comité Nacional del partido. Hay un sector muy fuerte deseoso de abandonar al gobierno, si no a su suerte, despegarse de él. Otros temen que una actitud precipite una elección presidencial anticipada. *
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