"Cuando se entienda, se disipan las dudas sobre la modalidad de integración elegida"
La crisis que ha conmocionado al Mercosur y sobre todo la discusión generada en torno a si se debe mantener la unión aduanera o se debe optar por una zona de libre comercio, e incluso sobre el arancel externo común, si debe ser rígido o flexible, llevó a LA REPUBLICA a consultar a Vaillant, especialista en el tema y director del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. A modo de introducción señaló: «Hemos vivido un proceso de integración que ha sido relativamente exitoso, que optó definitivamente, a partir de la reunión de Ouro Preto, por la construcción de un modelo de integración que se conoce como Unión Aduanera, es decir, una política comercial común frente a terceros mercados».
El Arancel Externo Común es «una de las columnas vertebrales de esta política y es este tema el que ha estado en cuestión este año». Todos los vaivenes macroeconómicos han llevado a que se flexibilizara este instrumento de acuerdo a las necesidades e intereses de cada país, por ejemplo, a Uruguay le interesa bajar el rubro bienes de capital o cualquier otro, lo baja independientemente de los demás, con lo que plantea dificultades a los demás «pero, es lo que se ha hecho durante este año» por parte de todos los socios. Al respecto resaltó: «Debe quedar claro que construir una unión aduanera que funcione bien, no es algo sencillo porque requiere un conjunto de requisitos y de instrumentos técnicos para que se funcione adecuadamente como un sistema».
En cuanto al pragmatismo discrecional con que se ha funcionado, sobre todo durante este año, respecto al AEC, lo definió como «un equilibrio político que el Mercosur adoptó para lograr mantenerse, ya que esos desvíos se verificaron en los hechos en muchos casos pero cuando ocurre eso, lo que sucede en rigor es un problema de perforación del AEC y eso plantea dificultades porque uno le diluye las preferencias a sus socios comerciales y puede haber además problemas con la triangulación del comercio».
La apertura
Agregó: «En términos generales el Mercosur se pudo construir porque sus países se orientaron, desde el punto de vista de su política comercial, en una misma dirección aperturista, si bien con distintos ritmos y modalidades».
Consultado sobre las posturas tradicionales de Uruguay, que ha querido ser más aperturista, y Brasil, que no lo ha sido, explicó: «Existe una tendencia por parte de Brasil, con una estructura más diversificada, más integrada verticalmente, con muchos más sectores manufactureros completos, a tener una cierta política de defensa contra las importaciones, en cambio, la nuestra, pequeña y especializada y que depende de la importación de insumos, bienes de capital, bienes de consumo, ha sido más aperturista. Eso marca una diferencia respecto al AEC y eso se manifiesta en esas tendencias de unos a protegerse más y de otros a protegerse menos».
Un nuevo equilibrio
«De algún modo el AEC creo que implicó un equilibrio en el 94. Ahora, a 10 años de la reunión de Ouro Preto, el AEC quizás necesite un nuevo equilibrio, un nuevo diseño, en este caso, es bastante conveniente el proceso de negociación con terceros mercados, con la Unión Europea y el ALCA porque ahí quizás se encuentre una suerte de equilibrio entre estas dos tensiones, y necesitamos mejorar dramáticamente el acceso a los mercados desarrollados y para eso van a servir estas negociaciones», afirmó.
«En este marco donde todos tenemos para ganar quizás se puedan hacer algunas correcciones al AEC, que es una estructura pesada, sobre todo en algunos sectores, donde la protección está concentrada, como bienes de capital, automotores, electrodomésticos y transporte. Sin olvidar que dentro de la industria metal mecánica manufacturera en Brasil hay mucho subsector que tiene intereses localizados de producción con políticas proteccionistas, hay otros sectores donde está mucho más expuesto pero tiene unas ventajas comparativas propias mucho más intensas, que incluso hace que se inserte como exportador de mucha manufactura a los países industrializados y en la zona».
La unión aduanera
La importancia de las negociaciones que se están realizando «ha sido importante este año» puesto que » ha sido lo que ha pesado en la balanza a favor de mantener la unión aduanera, porque no tiene sentido técnicamente hablar de negociación con terceros, de tener una política común preferencial con quien sea, si no existe una política comercial común», explicó Vaillant. «Si en cambio nos hubiéramos decidido por una zona de libre comercio para no pagar la preferencia de ciertos subsectores de la industria manufacturera de Brasil, tendríamos que tener claro que decidimos relaciones bilaterales con terceros países y que perderíamos el factor importante de negociación colectiva que el Mercosur tiene hoy», afirmó.
Pero, de algún modo, «el gran resultado de la reunión de junio en Asunción fue el salir adelante en un contexto de una grave crisis interna donde se definió claramente que había que negociar con terceros». Pero no todo se resuelve con definiciones, «el problema es que a veces hay gente que no termina de entender con claridad esto. Cuando se entienda, se disipa la incertidumbre actual sobre la modalidad de integración elegida». A juicio del economista, «esto es lo que hay que eliminar, no podemos debatir todo el tiempo sobre eso. Optamos por la Unión Aduanera, bien, pero esto exige que haya que hacer muchas cosas que aún no se han hecho, como dotarnos de un código aduanero común, un sistema de reparto del ingreso de la tarifa, sistemas de regímenes especiales de comercio codificados y previstos», finalizó. *
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