El gobierno se quedó sin tiempo
POR JORGE JAURI
Hasta agosto, la evolución de la recaudación venía cayendo «en línea» con la programación oficial. Dicho de otra manera, los recursos genuinos con los que contaba el gobierno para financiarse venían cayendo en proporciones similares o menores a la caída del gasto del gobierno. Dado que el Fondo Monetario concretó el viernes su «contemplación» de los problemas que obligaban al gobierno a elevar su meta de déficit al 3.5% del PBI, se estimaba que las cuentas públicas no agregarían nuevos problemas al menos durante este año. En tanto, desde el regreso de la misión oficial que negoció en Washington la revisión, el gobierno había vuelto al estado de tensa calma desde la cual ir haciendo las cosas, con un ojo puesto en el desenlace argentino y otro en la capacidad de la coalición para soportar las dificultosas construcciones legales y administrativas de los cambios.
Entre la calma y las renuncias
Obvio es informar que esa calma siguió siendo muy tensa porque el costo actual de mantener la estabilidad y aproximarse a las metas recién corregidas recrea día a día el riesgo de que, cualquier mala noticia agregada al escenario desarme la programación. Nuevamente, dicho de otra manera: hasta el viernes, el gobierno se disponía a llevar adelante los cambios según el ritmo aceptado por la política y la propia incapacidad de gestión en algunas zonas decisivas, sabiendo que en el corto plazo la calificación de riesgo soberana uruguaya no estaría en juego. Empero, el presidente y sus colaboradores más cercanos no desconocen que el mero hecho de continuar en esa línea de equilibrios y cambios pausados aumentaría el riesgo «interno» cotidianamente. Las corporaciones presionarían con más fuerza cada vez, mantener un contingente de 210.000 uruguayos sin trabajo alguno, 100.000 de ellos domiciliados en la capital y sus alrededores, conjuntamente con la caída de la confianza de consumidores y empresarios, iría tensando la convivencia diaria hasta extremos peligrosos. El gobierno sabe que el Ministro Bensión no puede seguir infinitamente reteniendo y postergando partidas presupuestales o diciendo que no a cada solicitud de reintegros o nuevas transferencias a sectores en dificultades extremas. La previsión de dificultades del gobierno se extendía incluso a la contemplación del desequilibrio brasileño y a la verificación de una salida argentina con demandas muy restringidas de producto y servicios uruguayos.
Esa calma gubernamental comenzó a ganar, incluso, el propio discurso presidencial. La evasión de cualquier confrontación fue la directiva subrayada nuevamente. Todos los proyectos de reforma ingresaron en una etapa de conciliación que permitiera ir ganando tiempo sin renunciar a llevarlas adelante: la megaconcesión de obra, la transformación del sistema energético, la reforma de la salud, la universalización del nuevo sistema de seguridad social, la reforma de la DGI y todo el resto de iniciativas de cambio estructural fueron corrigiéndose, fueron acomodándose a las posibilidades de la política. Sin importar en demasía que cada uno de esos cambios afectara, esencialmente en algunos, la precisión del método que requiere su éxito.
En realidad lo importante era, hasta la semana pasada, que se podía transcurrir esta etapa sin precipitar el riesgo que conlleva ser más audaz en las propuestas y las convocatorias. En algún momento, además, la suerte debía cambiar… Pero lo que cambio la semana pasada no fue la suerte, aquí siguieron acumulándose las malas noticias: aplazamiento del brevé sanitario europeo y chileno para exportar carnes con dichos destinos, agravamiento de la situación regional y desmembramiento casi formal del Mercosur. Lo que cambió fue la percepción de la realidad medida por una estimación de la caída de las ventas que generan mayores impuestos de más rápida y directa recaudación. Estimación de la realidad que parecería aún no haber sido detectada por el gobierno. Lo que se habría develado es que los consumidores han decidido consumir menos aún de lo que pudieran tal es su propia percepción de la realidad y el riesgo futuro.
Caja vs. credibilidad
Si es así, esto habrá de operar como un catalizador de reacciones que, inevitablemente, comenzarán a producirse en los próximos días. Por ahora, esas medidas seguirían evitando ingresar en una mayor profundización del ajuste del sector público, salarios incluido. Pero, aventuramos, intentarán corregir los nuevos desequilibrios acelerando transferencias de propiedad estatal sin que estén contempladas todas las garantías ni alcanzadas todas las certezas necesarias. En particular nos referimos a que el agravamiento de la situación fiscal de setiembre va a obligar a que el gobierno se juegue por lograr cánones y fees por transferencias de propiedad y gestión que pudieran, definitivamente, poner en tela de juicio los créditos legítimos que le quedan al Presidente Batlle y al Ministro Bensión.
Según la estimación que informáramos en el Hoy por Hoy el viernes pasado, la caída de las ventas al consumo y el combustible estarían determinando una caída de la recaudación de la DGI del orden del 5% en términos reales durante el pasado mes de setiembre, lo que supone un regreso agravado al explosivo escenario inmediato a la aparición de la aftosa. *
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