Tres mil personas se quedarían sin trabajo en la pesca
Los industriales del sector informaron recientemente que la industria de la pesca en Uruguay atraviesa su momento más crítico, a consecuencia de haber cedido a la Argentina un importante porcentaje de nuestra riqueza ictícola.
Se trata, en primer lugar, de la captura de la merluza, principal fuente de recursos de Uruguay y Argentina en la Zona Común de Pesca de ambas naciones en el Río de la Plata, establecida desde hace 25 años en un 50% para cada país por el Tratado del Río de la Plata.
Confirmando lo denunciado a LA REPUBLICA el 6 de mayo pasado por el edil nacionalista Paulino Delsa, en un despacho de nuestro corresponsal en Salto, Diego Fernández, la pérdida de divisas necesarias para el Uruguay por el renunciamiento de los derechos de soberanía, tendrá como consecuencia mayor desocupación en nuestro país.
Fuentes de la Cámara de Industrias Pesqueras del Uruguay, alertaron sobre el peligro de una nueva alteración –perjudicial para Uruguay– en el sistema de pesca que se viene utilizando desde hace 25 años.
Cuando en 1973 se firmó el Tratado del Río de la Plata, se acordó la exclusión de buques frigoríficos en todo el proceso en la Zona Común de Pesca (ZCP) con el objeto de asegurar el trabajo de mano de obra calificada en los frigoríficos en tierra. Se basaba esta resolución en el hecho de contar Uruguay y Argentina con una extensa costa cercana a la zona de pesca, lo que hacía innecesaria la presencia de los barcos factoría que utilizan las potencias pesqueras para operar en zonas alejadas. Asimismo, se trataba de proteger la existencia de frigoríficos que ya tenía mano de obra calificada.
25 millones de pérdida anual
Las Cámaras de Armadores e Industriales de la pesca, el pasado 15 de enero, enviaron al presidente Batlle una carta solicitando una entrevista urgente para manifestar su oposición total a lo acordado por la Comisión Técnico Mixta del Frente Marítimo en su reunión de diciembre de 2000.
Dice la nota en su parte medular: «La urgencia manifestada para esta entrevista, emana de la gravedad que representa para el país la pérdida de patrimonio nacional, que surge de la renuncia a un importante porcentaje de nuestra riqueza ictícola, creándose además, perniciosos antecedentes que afectan los derechos adquiridos para nuestro país durante 25 años, comprometiéndose gravemente el futuro del sector pesquero nacional».
Dicen los empresarios, que esta entrega de parte de nuestra soberanía, significa para el país una pérdida anual de 25 millones de dólares. El Dr. Batlle no sólo no respondió la nota, sino que jamás concedió la entrevista solicitada.
El tema adquiere ahora mayor gravedad, ante la próxima llegada del barco frigorífico «Coral» que viene al mando del capitán Barros bajo bandera española, para depredar nuestro mar territorial. El «Coral», que tiene una capacidad de bodega de 800 toneladas, es considerado un barco «asesino» porque arrastra del fondo marítimo, todo lo que hay en lecho pese a que es considerado un barco merlucero. Esto implica casi con seguridad la llegada de otros buques factoría y el cierre de los frigoríficos en tierra con el despido de unos 3.000 operarios.
Un mal negocio
«Es un mal negocio para el Uruguay, que además de perder un porcentaje importante de pesca de la merluza, arriesga el trabajo de miles de familias uruguayas que irán a engrosar los altos índices de desocupación».
La decisión de entregar nuestra soberanía en aguas territoriales, suscrita en diciembre pasado, contó con el apoyo del capitán Yamandú Flangini, actual director general del Inape, quien a su vez cuenta con el respaldo del Presidente de la República.
Los empresarios del sector reclaman con urgencia el alejamiento de Flangini por entender que defiende intereses ajenos a nuestra nación y a los uruguayos. Piden asimismo, la renegociación del acuerdo pesquero con Argentina.
Los industriales del mar, entienden que se debe aclarar desde el gobierno, por qué Uruguay redujo para beneficio del país vecino, de 100.000 a 35.000 toneladas la captura de la merluza en la zona de pesca común, sabiendo que Argentina captura tres veces más en la zona sur atlántica, fuera de la ZCP.
Cuestionamientos
A fines de mayo pasado, toda la prensa informaba sobre una reunión entre empresarios pesqueros y los ministros de Relaciones Exteriores y de Ganadería, Didier Opertti y Gonzalo González, junto con técnicos del Inape. Allí los operadores cuestionaron duramente el acuerdo con la Argentina, señalando que el mismo es perjudicial para los intereses uruguayos y lesivo para nuestra soberanía.
Uno de los industriales consultados, dijo: «Nos preocupa no conocer los motivos de esa regalía, lo cual alimenta las suspicacias y sospechas. Sabemos que Argentina atraviesa una grave crisis, pero eso ¿justifica que Uruguay, un país pequeño, vaya en su auxilio con 25 millones de dólares anuales, a costa de su soberanía y arriesgando la desocupación de miles de uruguayos?
Pero eso no es todo, el convenio con Argentina favoreció al país vecino bajando al 20% la participación de Uruguay en la captura de la vieira (un molusco bivalvo de la familia «Pectiniade») que tiene mucha aceptación en los mercados europeos. Los empresarios pesqueros uruguayos entienden que tienen derecho al 50% de captura de ese caro molusco, porque entre eso y la merluza, es casi lo mismo que «le regaláramos un departamento a nuestros ávidos vecinos», con el agravante que ellos tienen miles de kilómetros de costa, hasta la Antártida.
Cuando los legisladores , preocupados por este tema, plantearon interrogantes a los ministros, desde Inape, el capitán Flangini mandó decir que era el porcentaje establecido en los últimos seis años. Las estadísticas dicen lo contrario ya que en muchas ocasiones el tonelaje de captura de Uruguay superó al de la Argentina en la zona común, pese a que el vecino país tiene 400 barcos, contra 25 uruguayos.
La explicación a este desequilibrio está en el hecho que la mayoría de las capturas de la merluza, la Argentina las hace fuera de la ZCP.
Pero aún así nuestros «hermanos» nos quitaron un gran porcentaje de la captura de merluza y vieira que nos corresponde en la zona común de pesca para las dos naciones. «Si a esto, le sumamos el arribo de barcos frigoríficos, acabarán dándole el último mazazo a la industria pesquera uruguaya de la cual dependen miles de familias», sostienen los empresarios del sector. *
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