Los anuncios del viernes

Base de negociación y algo más

Con los anuncios del viernes, el equipo económico está partiendo a una negociación en Washington, que será –y por varias razones– totalmente diferente a la que en los últimos años ha precedido la programación anual o cualquier revisión trimestral en la historia de la relación del país con los organismos multilaterales.

O´Neill, el actual secretario del Tesoro norteamericano, no es Summer y, aunque quisiera, EEUU tiene demasiados problemas ahora como para contemplar la permisiva utilización de los fondos del FMI provistos mayoritariamente por los norteamericanos para abastecer las cajas de cuanto gobernante se presenta en dignas o genuflexas actitudes a solicitar asistencia.

La percepción de cómo está negociando Argentina con el Fondo debe haber advertido al contador Bensión que, probablemente, el gobierno uruguayo pudiera tener más problemas que los imaginados en la calificación de su actual proyecto.

Esta incertidumbre ha llevado a que, necesariamente, las medidas anunciadas por el equipo económico el viernes pasado sean, más que nunca, una expresión muy abierta de intenciones y principios generales.

Con eso va el país a buscar en EEUU un común denominador compatible de esas nuevas condicionantes de la asistencia o el crédito con las determinantes políticas internas.

Con lo cual y recién entonces, quizás, el gobierno sea capaz de habilitar una revisión real del programa actual.

 

Vanalidad de la simulación

 

De allí que no parece muy serio profundizar el análisis de las «medidas» anunciadas por el equipo económico. Y menos simular efectos.

No es serio intentar imaginarse una discusión legislativa sobre iniciativas destinadas a financiar un déficit agregado de U$S 130 millones, cuando el propio gobierno sabe perfectamente que esa propuesta de ampliar el objetivo del déficit del 2.6% del PBI al 3.3%-3.5% es sólo una expresión de deseo que se pone a consideración de los calificadores y prestamistas del país. ¿O es que el gobierno supone realmente que, más allá de la «comprensión» de los banqueros, alguien se arriesgará a avalar que el gobierno uruguayo podrá pagar sus deudas porque, simplemente, sigue suscrito a la política de estabilización, apertura y desregulación? No.

Siendo un prerrequisito, eso ya no basta. Ahora, en una natural convergencia que no siempre resulta fácil de comprender, los prestamistas y los pueblos les exigen a sus gobiernos garantía para cuya previsión éstos no están preparados ni para las cuales tienen convicción cultural.. Por ejemplo, garantías de irreversibilidad de ciertas medidas que los gobiernos prometen alegremente y luego, en la impericia o el aislamiento, dilatan indefinidamente.

O peor aún, medidas y reformas que son adoptadas al límite del cronograma convenido, enviciadas de consensos preñados de compromisos político partidarios y contemplaciones de buenos amigos.

Ya no hay marco ni tiempo en el mundo y menos en América Latina para que los gobiernos y los partidos políticos mantengan las viejas prácticas en la cuales se han estructurado y educado.

Cuando los informes de perspectivas anuncian que habrá restricción de crédito y liquidez, hay que atender el mensaje.

Ahora ya no sólo no es moral vivir de prestado. Ahora es imposible.

 

Atender lo anunciado

 

Lo comentado no debería, sin embargo, subestimar la importancia de los anuncios realizados por el gobierno el viernes pasado. En ellos se explican los límites de la política, pero también el lugar en el cual el gobierno pretende ubicarse para negociar con la oposición a partir de setiembre.

Y allí hay una cuantas cosas. Entre otras, la principal: si Uruguay tendrá o no capacidad de insistir en la diferenciación de su proyecto nacional en el marco de una región cuyo rumbo la conducción económica desprecia explicitamente.

Quizás valga tan sólo vincular esa intención presumible del gobierno intentando entender por qué, si la política cambiaria potencialmente común en la región va a ser determinada por el modelo cambiario brasileño, el gobierno pretende resolver la incertidumbre cambiaria actual anunciando la reafirmación del ideal de cambio fijo como objetivo… *

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