El 70% del personal de los frigoríficos continúa en el Seguro por Desempleo

En siete meses se faenaron 300 mil vacunos menos

— A 100 días del rebrote de aftosa y de la exclusión de Uruguay de los mercados, ¿cuál es el balance y perspectivas del sector cárnico?

–En primer lugar, en los primeros 7 meses de este año faenamos 300.000 vacunos menos con relación al igual período de 2000. Esto significa, a precios en pie que se cotizaban al 23 de abril pasado, unos 100 millones de dólares de pérdida de ventas del sector ganadero a los frigoríficos.

A su vez, las exportaciones de carne bovina al 14 de julio pasado cayeron casi 60 millones de dólares, en tanto que la continuidad de la exclusión del país respecto de los mercados aumentará esa brecha con relación al año pasado.

La desocupación supera el 70% del total de la mano de obra que la industria frigorífica ocupó durante el primer trimestre de este año.

El 11 de setiembre la UE tomará decisión acerca de Uruguay, previo informe de la situación sanitaria a fines de agosto, con lo cual y en el mejor de los casos podríamos recomenzar las exportaciones a partir de octubre. Hoy por hoy Uruguay cuenta solamente con dos mercados: el interno y Brasil, acotado éste a la carne desosada y madura.

En hipótesis de que las exportaciones al circuito aftósico se normalicen en el último trimestre del año, la previsión es que la faena vacuna caerá casi un 32% con respecto al año pasado, y las exportaciones un 42% en volumen físico y un 44% en dólares por concepto de divisas.

–¿Pero a fines de agosto tendremos que demostrar haber controlado la aftosa y brindar garantías sobre trazabilidad?

–El 24 de julio pasado la información oficial reconocía que la enfermedad había sido controlada y extinguida hacía más de 30 días en el 60% de los rodeos afectados, mientras que un porcentaje inferior al 2% de la totalidad de los establecimientos ganaderos del país registraba aún, a esa fecha, en forma activa la enfermedad.

La revacunación de la totalidad del rodeo culminó el 22 de julio pasado y las expectativas se situaban en alcanzar una inmunidad de la masa poblacional ganadera superior al 99%.

Sobre el tema trazabilidad, o rastreabilidad, para ser más precisos, es algo que se va imponiendo en los mercados a nivel mundial. En esa dirección y objetivo apunta la tendencia a brindar a los consumidores mayor seguridad en los alimentos, instalando un sistema que permita rastrear hacia atrás el producto y con más razón cuando es de origen animal.

Nosotros tenemos el sistema de Dicose, que permite identificar animales por tropa, pero este sistema mostró su vulnerabilidad en la visita de junio pasado de la misión sanitaria europea, lo cual significó uno de los motivos por el cual la UE mantuvo la veda a nuestras exportaciones.

Por esa razón debemos ir a la sustitución del sistema de Dicose actual, instalando el «caravaneo» de los animales para su identificación individual. Claro está que esto va a ser gradual y deberá conjugar la aceptación por parte de nuestros clientes del nuevo sistema, como también que su aplicación sea lo menos onerosa posible para la cadena cárnica. Pero no hay más remedio que andar en esa dirección, ya que además apunta a ser un factor importante de diferenciación del producto en los mercados.

Para la próxima instancia que tendremos a fines de agosto en materia inspectiva, tendremos que demostrar, además, que vamos en camino de una transición en este tema y la adopción de medidas prácticas más estrictas en la aplicación del sistema de Dicose para restablecer confiabilidad.

–¿Se pueden evaluar errores en nuestra defensa contra la reaparición de la aftosa?

–Por supuesto que sí. No le hicimos caso, por ejemplo, a una recomendación de la misión inglesa que en octubre de 1995 –cuando habíamos salvado todos los exámenes y estábamos a punto de ingresar al circuito no aftósico (cosa que concretamos)– aseveraba que Uruguay no debía descuidar la vigilancia epidemiológica, lo que en buen romance significaba tener presente los riesgos de la región.

Antes del 23 de abril, cuando la aftosa era una realidad inocultable en la Argentina y estaban los focos a 100 kilómetros de nuestra frontera, creíamos que nos salvábamos.

Es más, mientras operamos 65 meses en el circuito no aftósico no se estructuró un efectivo plan de defensa del status sanitario en términos sólidamente preventivos y con alternativas ante cualquier riesgo de rebrote de la enfermedad. El brote de Artigas fue un aviso, pero se necesitaba prever que la virulencia de la enfermedad desatada en la Argentina.

En cambio, la respuesta de vacunar se adoptó el 4 de mayo, cuando correr de atrás fue más difícil. También, digámoslo claramente, cuando hablamos de planes preventivos y alternativos, en este caso se incluía la necesidad de vernos obligados a implementar una urgente vacunación ante el avance de la enfermedad, como se dio desde la Argentina. *

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