Analisis Nacional

La corporación gana

Parte considerable del gobierno ya ha abandonado la convicción acerca de que la estabilización es más que nunca un prerrequisito para salir de la crisis. Sólo un puñado de técnicos y políticos, dos o tres ministros y el Presidente de la República parecen aún resistir la búsqueda de una ampliación de la coalición a un pacto en el que se instalen, al menos, las corporaciones empresariales. Para el resto, la izquierda incluida, todo lo que subsidie mayor nivel de actividad es plausible y pasible de ser incorporado de inmediato al programa popular y nacional. La consigna de la estabilización no es defendible. Y es natural. La gente identifica estabilización con más impuestos, con más sacrificio, en la espera de lo que no ha llegado ni probablemente llegaría ya. Como en tantos países latinoamericanos, los poderosos sostuvieron la estabilización mientras ella les permitió sorprender a los mercados con cuanta práctica abusiva en materia financiera pudieron imaginarse y mientras duró el período de extraordinaria liquidez internacional. Ahora, cuando Uruguay se aproxima al umbral del cierre de los mercados de capital, para ellos, la estabilización y su colateral apertura juegan en una dirección adversa.

Es que mantener la propuesta en las nuevas condiciones de restricción de financiamiento supone, de inmediato, la obligación de profundizar las reformas. Esas de las cuales se habla y teoriza con comodidad hasta que hay que hacerlas.

Vale todo

Una rara y paradójica alianza corporativa, que incluye amplias zonas del otrora pensamiento «liberal», celebra el retorno a los viejos escenarios: adelanto cambiario y reapertura implícita del cambio diferencial, refinanciación genérica y permanente, resquebrajamiento de lo que quedaba del sistema contractual, disminución de aportes y un exuberante sistema de promoción de la inversión (…). En este esquema vale todo.

Desde el régimen «morado» de una frontera con miles de sensores corporativos hasta la imposición de cuanto tributo sea imaginable en aras de defender los mercados y que, a la vez, contribuya a mantener esa ficción de estabilidad que va quedando.

Tal como era imaginable, las consecuencias comienzan a impactar. La política ha perdido absolutamente su capacidad de anticipar estadios. El éxito consiste en coincidir con los requerimientos de quienes dicen generar trabajo y prosperidad. O en el mejor de los casos, el éxito de la política se reduce al hallazgo de las coincidencias con quienes van siendo afectados por un proceso que la política no logró anticipar. Las reactivadas corporaciones comienzan a ganar el terreno perdido y pronto volveremos a ver los tradicionales pases del gremio a los ministerios. En materia económica las consecuencias son también notorias; en este esquema la incertidumbre deprime aún más la inversión. Sólo grandes oportunidades como las de la Playa de Contenedores u otras vinculadas con las postergadas reformas de la empresas públicas convocarán el interés de la inversión directa. Las tasas de interés que se pagan en el país son exorbitantes; a mediados de la semana pasada las instituciones bancarias debían cuidarse de no exceder el límite técnico de la ley de usura, pero ya no en sus colocaciones al público ¡sino en las transacciones entre ellas mismas..!

La reforma por defecto

Lo que viene sucediendo hasta ahora, con ser grave, no es sin embargo lo peor. Lo más dramático, e inevitable además, será lo que comience a suceder en la ejecución de las reformas que, indefectiblemente, advienen; sin consensos, sin vocación, sin tiempo ni capacidad de ser diseñadas con la profesionalidad y las garantías suficientes, estas reformas serán insoportablemente costosas. Incluso, a diferencia de las que está implementando el equipo de Cavallo en la Argentina, en el Uruguay estas reformas surgirán cual respuestas frente a situaciones terminales en zonas dispersas del Estado y la sociedad. El gobierno argentino tiene un proyecto, compartible o no. Pero lo tiene.

En ese esquema de recomposición ofensiva caben, se soportan e, incluso, hasta intentan explicarse la afectación de salarios públicos y jubilaciones. (*) Uruguay vivirá un proceso diferente. En cada batalla habrá una mitad del país que perderá y otra que ganará. Esa es la razón de quienes en muy poco comenzarán a especular fuertemente contra la moneda y los ingresos de los uruguayos. A no ser que la esencia de esta lógica sea comprendida. Pero ya no sólo entre un reducido grupo de decisores y políticos sin tropa, sino entre aquellos que son capaces de multiplicar pensamiento propio donde sufren las grandes mayorías y, en particular, los más desposeídos.

* El ajuste actualmente en ejecución en la vecina orilla ha sido diseñado en estrecha vinculación con la flexibilización de la convertibilidad, las reformas competitivas, la modernización del sector público incluida la eliminación de su lógica de inamovilidad con seguros generosos de cobertura y, en particular, la modificación de la práctica de cómo se hace la política en el vecino país.*

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