"La Estanzuela" realiza exhaustivos controles de calidad en el producto

Apicultura en ascenso exporta por U$S 18 millones con excelente calidad

Una cifra que ronda los 18 millones de dólares es el resultado promedio de la exportación de dicho producto en los últimos años, en lo que incide notablemente la labor del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA) como «centinela» de un adecuado manejo del proceso productivo y de la excelencia de la calidad.

En el departamento de Colonia esa responsabilidad recae en el Centro Experimental «La Estanzuela», a través de un programa específico dedicado a la selección masal para rendimiento de miel y tolerancia sanitaria, manejo productivo orgánico, diagnóstico sanitario y calidad de miel.

«La Estanzuela» desarrolla un doble relacionamiento con los apicultores, en forma directa mediante el mejoramiento genético en seis apiarios y en jornadas de campo, talleres y demostraciones de manejo.

Además se brinda asesoramiento a Predeg, Universidad del Trabajo y otras instituciones educativas, e intendencias de todo el país.

Los trabajos de investigación y monitoreo se cumplen con aportes financieros del Fondo de Promoción de Tecnología Agropecuaria (EPTA), fondos propios del INIA y convenios con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en estos últimos casos para trabajar sobre microbiología de apiarios.

En el marco de estos objetivos, «La Estanzuela» concretó un estudio sobre «Calidad de mieles en el Uruguay», a cargo de los doctores Eduardo Corbella y Daniel Cozzolino, junto a los ayudantes Gustavo Ramallo y Marcelo Maidana, que será presentado el 13 de julio en la Intendencia de Montevideo.

El trabajo se hizo entre los meses de febrero y junio de este año, con los aportes del profesor Pedro Sansón, de la Facultad de Química, el Instituto Nacional de Colonización y la Intendencia Municipal de Paysandú que facilitó equipamiento técnico. Otras comunas y apicultores de todo el país intervinieron en el envío de muestras de miel para su análisis.

Se usaron en total 104 muestras de la temporada apícola 2000-2001 con la condición de que ninguna de ellas tuviera en el momento del estudio más de cinco meses de cosechada. Guió a los investigadores el propósito de «retomar anteriores estudios en la materia teniendo en cuenta las nuevas exigencias internacionales e integrando alguna metodología más reciente».

Las muestras analizadas, provenientes de los 19 departamentos, fueron conservadas a temperatura ambiente (20-25 centígrados) y en la oscuridad.

Constataciones

Corbella y Cozzolino pusieron especial atención en aspectos tales como la humedad, reacción ácida, conductividad eléctrica, contenido mineral y «frescura del producto».

«El contenido de humedad es el único criterio de la composición de la miel que debe ser cumplido como parte de los estándares de este producto para su comercialización. El valor máximo aceptado es de 21 por ciento».

El promedio del contenido de humedad de las mieles estudiadas «cumple con las exigencias de todas las normas de calidad», destacan los investigadores. En cuanto a la reacción ácida se indica que «las mieles presentan valores frecuentes de pH entre 3,5 y 5,5 y esa acidez es debida a numerosos ácidos orgánicos que integran su composición, siendo el más abundante el ácido glucónico».

El promedio de las mieles muestreadas por el INIA La Estanzuela «es 3,38 y su rango se encuentra dentro de la normalidad».

El equipo evaluó también la conductividad eléctrica de las mieles, característica que «está en función directa con el contenido mineral, el color y la acidez» del producto.

Según los nuevos estándares sugeridos por la Comisión Internacional de la Miel, la conductividad eléctrica de las mieles de néctar o florales no podría exceder los 0,80 mili Siemens/cm –tal como se denomina su medición– por lo que sorprendió a los investigadores que 28 de las 104 muestras presentaran un índice superior al permitido y que, en su mayoría, provinieran de la región este del país.

En lo que hace al contenido mineral se obtuvo el mismo promedio que el alcanzado en una investigación anterior realizada por L.G. Cornejom hace veinte años. Por último se tuvo en cuenta el factor HMF (Hidroximetil furfural), que «está relacionado con la frescura de la miel y con que la misma no haya sufrido calentamiento de propósito o exposición por descuido a fuentes de calor».

Las muestras analizadas presentaron un contenido de HMF dentro de los niveles admitidos por las normas internacionales. Los doctores Corbella y Cozzolino expresan, además, su satisfacción por el hecho de que «73 de las 104 muestras de miel de todo el país fueron producidas sin emplear productos químicos para tratar las enfermedades que afectan a las abejas y la cría».

«Es de destacar el desafío de realizar una apicultura prescindente del ‘paquete tecnológico’ que por reiterativo se va desgastando por no dar respuestas a las nuevas situaciones». *

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