Productoras artesanales rurales en el LATU

Luchan por una ley que regularice su actividad

En la entrevista que LA REPUBLICA realizara a la directiva de la Asociación Nacional de Grupos de Mujeres Rurales del Uruguay, Angmru, conformada por Nancy Cabrera, Zapicán, Lavalleja; Teresa Sosa, Rincón de Cufré, Colonia; Soledad Euguy, Punta Espinillo, Montevideo; Ramona Núñez, Rincón de Pando; María del Carmen Núñez, Durazno; y Brenda González, de Paso de los Toros, se explicitaron sus necesidades más inmediatas y su problemática actual, todo lo cual, junto a su producción, será expuesto en el LATU entre el 30 de agosto y y el 2 de setiembre próximo.

La organización se encuentra institucionalizada desde el año 1994 en una asamblea realizada en Paso de los Toros, pero los primeros agrupamientos surgieron en el año 1985, en el nordeste de Canelones.

Actualmente se cuenta con más de 150 grupos diseminados por todo el territorio nacional.

Angmru está formada por mujeres rurales cuya unidad básica de funcionamiento es el grupo. La producción de los distintos agrupamientos es muy variada y comprende la elaboración de alimentos, conservas y envasados, el cultivo de pleurotus (hongo comestible), producción de miel, elaboración de quesos y dulces.

Hay además grupos que fabrican artesanías, y otros que se han dedicado al trabajo social.

Vacío legal

El gran problema, al que se enfrentan hoy las productoras artesanales, son las trabas legales que existen en el país. Al no estar contempladas bajo ninguna norma vigente no pueden legalizarse formalmente y las autoridades aplican reglamentos que no están pensados para la producción artesanal.

«Este es nuestro gran problema de la actualidad. Hemos comercializado en diferentes eventos que hemos organizado, y después cada una vende en su zona pero tenemos la limitante legal.

Esto nos condiciona mucho, dado que la forma legal que deberíamos tener hoy, con la legislación vigente, sería la de una empresa unipersonal, o una cooperativa, pero no tenemos condiciones económicas para afrontar los gastos que esto implica: pagar el BPS e impositiva todos los meses».

A raíz de este problema, hace más de un año que la Angmru trabaja junto con la Comisión de Equidad de Género del Parlamento. Se ha elaborado un proyecto de ley, que está a estudio de los legisladores y que intentará rellenar varios vacíos legales que existen en la materia.

En el caso de los impuestos para los artesanos, la ley en estudio crearía un monotributo que sería accesible de abonar por los grupos artesanos y haría posible la normalización del tema.

Diferencias entre las intendencias

Pero los problemas de comercialización de productos artesanales no sólo se encuentran en la forma de tributar, también se han generado dificultades en lo referente a los permisos bromatológicos municipales, debido a que hay grandes diferencias conceptuales y para solucionarlo estudian la posibilidad de realizar un planteo al Congreso de Intendentes, para solicitar que se uniformicen los criterios bromatológicos.

«De un departamento a otro, los requerimientos son completamente diferentes, y además, a raíz de la muestra que estamos organizando en el ámbito nacional, hemos comprobado que hay intendencias que no tienen la tecnología adecuada para hacer un correcto análisis».

Siempre mejorando

Desde el comienzo de esta experiencia, se vio la necesidad de perfeccionarse en la elaboración de los productos. Para llegar a la excelencia, se buscaron apoyos en la Embajada británica y con técnicos del LATU, se hicieron cursos de perfeccionamiento, que se dieron en todos los puntos del país y mediante los cuales se especializaron, en diversas áreas, más de trescientas mujeres.

Según un estudio llevado adelante por una consultora, contratada por el MGAP, el mercado interno es muy ávido en cuanto al consumo de productos artesanales y constató que se podría producir hasta diez veces más que lo que se hace hoy.

No abandonar la tierra

Una de las principales necesidades que han impulsado a las mujeres rurales a buscar alternativas económicas para sus familias es la de conseguir una solución que evite, en alguna medida, el gran problema de la la migración desde el campo a la ciudad.

Si bien algunos de los grupos tienen un local donde concentran la elaboración, la mayoría de las mujeres trabaja en el propio establecimiento, y esta actividad se suma a lo que es el trabajo de la mujer en el campo, como el ordeño, el cambio de franja en las praderas o el racionamiento de los animales, además de los que son tradicionales del género.

«No es sólo por la mujer que nosotros nos hemos movilizado, sino también por la familia rural.

Es para no desarraigarnos, para no perder nuestra cultura, ya que nosotras no nos imaginamos viviendo en otro lugar que no sea en el campo. Tenemos toda una infraestructura creada, carreteras, luz eléctrica, escuelas, que no podemos dejar que se pierda».

Ver las taperas, que las van rodeando como fantasmas, sentirse cada día más solas en el medio rural, alimenta la rebeldía de las mujeres rurales, que buscan alternativas a la profunda crisis socioeconómica por la que atraviesa el campo uruguayo. *

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