Combustibles podrían bajar
Esta situación puede terminar favoreciendo a Uruguay, donde se está estudiando una nueva modalidad para aplicar en lo referente a los precios de los combustibles.
La teoría a impulsar por el nuevo gobierno sería «si sube, sube y si baja, baja». Esta frase, que parece ser redundante, tiene un sentido por demás especial en un país que no está acostumbrado a tener una baja en el precio de los combustibles.
La teoría aplicada hasta el momento es la de mantener los precios, más allá de la variación del valor del crudo. En la actualidad el valor de un barril es de U$S 30, pero hace un año atrás costaba U$S 9. O sea que se multiplicó por tres, aunque esto no sucedió con los precios de los combustibles, los cuales tampoco nunca bajaron.
Tal situación se debe a que el precio del barril que se toma para fijar el valor de los combustibles actualmente es de U$S 22,5.
Baje o suba el precio del crudo, la política imperante es no tocar el precio de naftas y demás. Claro que esto tiene un límite. El anuncio de Davrieux (quien continúa como director de la Oficina de planeamiento y Presupuesto) es que se espera saber qué pasara con el precio del crudo para ver qué medidas se toman. De mantenerse un valor cercano a los U$S 30 el ajuste será hacia arriba, pero si llegasen a bajar de U$S 22,5, se produciría una baja en el precio de los combustibles. Aunque tampoco se descarta un aumento «temporal».
De concretarse esto podríamos ingresar en una nueva etapa, un poco más realista con respecto al precio de los combustibles y más acompasada con los cambios que se producen en un mercado, cada vez más volátil.
Esperanzas
Para información de nuestros lectores, quizás se pueda ver una baja en el precio de los combustibles. Es que los países productores de petróleo están dispuestos a frenar la suba y bajarlos a un valor cercano a los U$S 20 por barril.
En contraste con lo ocurrido en las tres fuertes alzas del crudo en los últimos 20 años, muchos comparten el punto de vista del presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, de que el actual aumento de los precios del petróleo «es algo profundamente perturbador».
Según informó la agencia Reuters, México en particular teme que los altos precios enfermen la economía de Estados Unidos, su principal socio comercial y, con ello, frenen el crecimiento del resto del mundo. «La principal atención está en el Occidente más que en los productores, debido a la amenaza de los precios de petróleo sobre la inflación y las tasas de interés», dijo Isaac Tabor, de West LB. Pero agregó: «La historia también muestra que mientras los altos precios aportan una ventana de oportunidad para los productores, raramente la usan».
Ciertamente no todo es tristeza para los productores con precios a 30 dólares el barril, aunque Arabia Saudita, Venezuela y México dijeron esta semana que ven la necesidad de aumentar el abastecimiento y suavizar los precios. El aumento de los precios ha ayudado a reorganizar las macroeconomías de países exportadores como Rusia, Venezuela, Indonesia y Nigeria, que fueron afectados doblemente en 1998 por la crisis financiera global y un exceso en la oferta de crudo que hizo bajar los precios. El riesgo soberano de estos países también ha disminuido, lo que ha llevado a la recuperación de algunos valores y bonos, la reapertura de mercados internacionales de capitales y reducido el costo de los préstamos. Sin embargo, el volátil precio del petróleo –ha saltado de bajas históricas a máximos récords de nueve años en sólo un año– es un recordatorio del difícil camino que muchas economías petroleras tienen por delante.
«Los economistas a veces se refieren a un recurso natural muy valioso como una maldición», dijo Tony Killick, del Instituto Británico de Desarrollo Exterior. «Pero si se tienen sistemas políticos y económicos que permitan administrarlo bien, estos recursos –sean petróleo o diamantes– pueden ser algo realmente valioso».
Los exportadores sufren lo que los economistas llaman la enfermedad holandesa: una tasa de cambio sobrevalorada que puede sofocar la economía de los que no tienen petróleo y dejar el país incluso más vulnerable a las alteraciones de los precios. Las alzas del petróleo pueden también distorsionar el pensamiento generalizado sobre la economía.
«Eso puede llevar a algunas decisiones extrañas, tales como cultivar trigo saudita», dijo Charles Blitzer, economista de mercados emergentes de Donaldson, Lufkin y Jenrette.
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