La industria dejaría cesantes de manera permanente a 2.000 trabajadores

Se perderán más de U$S 100 millones por caída de exportaciones al Nafta

Así lo señaló el consultor Alfredo López, quien manifestó que la «aftosa ha generado costos puntuales y otros de proyección inmediata para el futuro. Cualquiera de los cálculos son difíciles de estimar, aunque se pueden fácilmente conceptuar».

En diálogo con LA REPUBLICA indicó: «Desde el punto de vista de la situación y perspectivas de la industria frigorífica a la fecha, si bien por prudencia no somos partidarios de las visiones apocalípticas, tampoco caben dudas que el panorama actual tendrá muy serias consecuencias para el sector empresarial y los trabajadores».

Desde el punto de vista económico explicó que más de 900 contenedores, con una cantidad aproximada de 20.000 toneladas de carne por un valor estimado en 45 millones de dólares, representan el primer impacto a la economía de la industria. «Para tener una idea aproximada, esa cifra equivale al valor de 120.000 novillos cotizados en el mercado de faena al 23 de abril pasado. El retorno de dicha carne genera un muy serio problema, además del económico-comercial ya consumado. No existen temporalmente disponibilidades de cámaras para su depósito, ya que la capacidad se halla ocupada con unas 40 mil toneladas a la espera de su colocación comercial. Tampoco es posible desembarcar dichos contenedores y acondicionarlos para que sigan asegurando el refrigerado del producto, amén de lo que significaría en términos de costos».

Al consultársele sobre cuál podría ser el destino para esa carne, indicó que las únicas posibilidades a manejar sería una rápida renegociación con otros mercados o su absorción en el abasto. También podría reprocesarse para otros destinos, en caso de ser posible.

Pero acotó «en el otro extremo, no menos grave, se plantea la problemática de cobertura de obligaciones de la industria con proveedores, especialmente por ganados».

 

Exportaciones en caída

El consultor de la industria frigorífica indicó que la actividad futura de la industria, reducida exclusivamente a los mercados de «riesgo mínimo», va a significar un cambio negativo en términos de escala productiva y de costos, con la consiguiente repercusión en los resultados.

«Para manejar una idea de ello, basta mirar las siguientes cifras. En el año 1995, cuando a fines del mismo se nos reconoció el status de país libre de aftosa, la faena vacuna total de ese año fue de 1.391.000 animales. El dinamismo comercial que inmediatamente aparejó el ingreso a los mercados no aftósicos determinó rápidas respuestas del sector productor e industrial que hicieron que la media de faena vacuna anual entre 1996 y 2000 se situara en 1.820.000 reses. La media entre 1990 y 1995 había sido de 1.303.500 cabezas. Como se puede apreciar, la diferencia se plasmó nada menos que en medio millón de vacunos a favor de la producción, la faena en la industria y el crecimiento de las exportaciones», sentenció López.

Agregó que «esta situación concretó un verdadero «círculo virtuoso» cuyo beneficiario resultó toda la cadena agroindustrial de la carne y también para el Estado vía fiscal».

En 1995 Uruguay exportó en peso carcasa 143.000 toneladas; en 2000 exportamos 272.000 (+ 90%).

En 1995 se vendía al Nafta (México, Canadá y Estados Unidos) 7 millones de dólares; en 2000 U$S 117 millones por concepto de carne bovina.

Antes del 23 de abril pasado, el 40% de las exportaciones de carne vacuna del país tenía como destino el Nafta, que involucraba también un buen mercado en términos de valores para cortes ovinos.

En volúmenes físicos, la estructura de nuestra faena hace que aproximadamente la mitad (unas 900.000 reses) se faena para el abasto y la otra mitad para la exportación cárnica. La exportación en pie no arroja cifras de importancia. Alfredo López explica que «habiendo colocado en los mercados no aftósicos el 50% de nuestra exportación en gancho, la faena de la industria decrecería en unas 450.000 reses». Esto significará un descenso de la media de faena anual para la industria bastante cercana al período 1990-1995.

No obstante, esta situación podría en parte revertirse, a condición de que se incremente el comercio con el Mercosur y se supere la recesión que en materia de consumo hoy afecta a los mercados de la Unión Europea.

 

Inversiones

Otro aspecto manejado por López y que afectará a la industria frigorífica refiere a las inversiones.

El aumento de las exportaciones y la ampliación de mercados a raíz del cambio de categoría «libre de aftosa» a partir de 1995 contribuyó a nuevas expectativas e inversiones, incluyendo la radicación de algunos capitales extranjeros en el sector.

La expansión de mercados y consumidores colocó a la industria en el camino de buscar mediante algunos productos la diversificación de la estructura productiva, introduciendo mayor valor agregado.

Frente a la nueva realidad, nuestro entrevistado indicó: «La nueva situación sanitaria, que marca un retroceso con respecto a la que gozamos en los últimos 6 años, implicará para la industria la pérdida de estímulos vinculados a inversiones productivas y de capital».

 

Posibles cierres

Al hacer referencia a aspectos financieros, indicó que «la capacidad de fondos propios ha sido tradicionalmente un factor bastante limitativo para la industria, sustituida por el recurrente endeudamiento destinado a financiar el capital de trabajo e inversiones.

Agotados los regímenes de financiación y refinanciaciones que otrora caracterizaron el funcionamiento del sector a través del BROU, apenas tres plantas exportadoras mantienen con esa institución líneas de prefinanciación basadas en negocios de exportación y de créditos para inversiones fijas».

El mayor componente del valor bruto de producción (VBP) de la industria frigorífica lo constituye la materia prima, por un monto promedio anual en los últimos cinco años de U$S 660 millones.

Solamente esta cifra representa casi la tercera parte del valor bruto interno agropecuario.

El aumento de la actividad de la faena y la competencia han obligado a los frigoríficos a una mayor exigencia de dotación financiera por parte de los agentes industriales.

La mitad de las empresas frigoríficas opera mediante recursos propios, variando las restantes las formas de financiamiento, introduciendo endeudamiento de corto plazo para capital de trabajo y de largo plazo para activos fijos. Mayoritariamente operan a nivel de la banca privada.

Algunas inversiones extranjeras parecieron tonificar el perfil de la industria desde 1995, en función de un mayor dinamismo a nivel de la producción y las expectativas de nuevos mercados, pero «la situación económica y financiera de la industria frigorífica tenderá a complicarse y es posible que determine una nueva reestructuración del sector, mediante procesos de ajustes y eventuales salidas del mercado de algunos operadores».

 

Impacto social

A partir de este mes la paralización obligada de la industria conlleva decisiones de seguro de paro y licencias del personal en forma casi general.

En 1995 la industria frigorífica ocupaba unos 6.100 trabajadores, pero en 2000 el total representaba 7.740 puestos de trabajo. Este factor acompasó en cierta forma el desarrollo de una mayor faena y actividad comercial con la industrial.

También mejoraron durante dicho período los indicadores de horas trabajadas y de volumen físico de producción en los frigoríficos.

Al consultársele sobre el futuro, López indicó que «en el corto plazo la situación ocupacional podría llevar a una desocupación de alrededor de las dos tercer
as partes del personal, dado que la mayor concentración de trabajadores existe en las plantas exportadoras de mayor aporte.

En el mediano plazo y vistos los reajustes que procesará el sector, la caída de los puestos de trabajo como consecuencia de la merma de la producción en gancho y las exportaciones podría oscilar en un 25%».

Retornan al país 20 mil toneladas de carne por un valor de U$S 45 millones. Son 900 contenedores que no hay dónde colocarlos y no hay capacidad en las cámaras frigoríficas.

El Nafta (México, Canadá y Estados Unidos) que compra carne sin aftosa, adquirió el año pasado a Uruguay carne bovina por U$S 117 millones.

Se dejaría de faenar por año 450 mil reses (un 25% del total de la faena).

Gracias a la apertura de los mercados no aftósicos, los frigoríficos pasaron de 6.100 trabajadores en 1995 a 7.740 el año pasado. A mediano plazo se despediría de manera permanente al 25% (2.000 trabajadores).

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