Mueren por día 3.300 trabajadores por accidentes o enfermedades laborales
La OIT presentó en Ginebra, en ocasión de la Jornada internacional de conmemoración de los muertos o heridos en accidentes de trabajo, un nuevo símbolo de homenaje, una cinta negra y amarilla, a las más de 3.300 personas que mueren diariamente en el mundo por motivos laborales.
El negro y el amarillo, justificó la OIT, son los colores universales en las señales sobre seguridad, un factor cuya carencia es la principal causa de accidentes de trabajo. La cintita podrá ser usada como signo de solidaridad con las víctimas de accidentes profesionales.
Se trata de un problema de enormes dimensiones: la OIT estima que cada año se producen unos 250 millones de accidentes de trabajo, y que cada año unos 1,3 millones de personas –3.300 por día, dos víctimas por minuto– mueren por accidentes o enfermedades vinculadas a su actividad laboral.
Cada año, los casos de enfermedades por el trabajo llegan a 160 millones. Y los países en vías de desarrollo son los que registran la mayor cantidad de incidentes y víctimas, mientras el sector más en riesgo es el de la agricultura, que emplea a más de 1.300 millones de personas en el mundo, recuerda la OIT.
También cada año, unas 300.000 personas que trabajan en el sector agrícola mueren por los riesgos vinculados a su actividad, y millones de personas resultan gravemente heridas o intoxicadas por pesticidas y otros agroquímicos.
La OIT se refirió también al problema del amianto usado en la construcción, que cada año mata a unas 100.000 personas, y según se estima provocará la muerte de un millón más en los próximos treinta años.
Los accidentes ocurridos en la construcción también provocan heridas mortales a unas 55.000 personas anualmente.
Además, según la organización el trabajo es hoy más peligroso que hace diez años debido a factores como la falta de prevención, los equipamientos deficientes y a veces la falta de voluntad política en los gobiernos, con la complicidad de la negligencia de los empleadores.
Por otra parte, la globalización –que aumentó la competencia– tuvo un impacto negativo en las condiciones de trabajo y la seguridad.
Como ejemplo, la OIT cita la muerte de al menos 48 personas el año pasado en una fábrica de Bangladesh, cuyas salidas de emergencia estaban trabadas, y los once trabajadores que murieron en el derrame de una plataforma de Petrobras frente a las costas de Brasil, que recuerda los riesgos sufridos cada día por los trabajadores de ese sector.
El trabajo mata más que la malaria, o que la guerra. En memoria de los miles de personas que cada día pierden la vida o la salud en el trabajo, el director general de la OIT, Juan Somavía, encendió un enorme cirio y dirigió un llamado a los Estados para que respeten las principales convenciones elaboradas para proteger los derechos de los trabajadores.
Somavía apoyó el derecho al trabajo decente y rechazó el concepto de que la muerte y la enfermedad «van con el trabajo».
Para responder a esta situación, lanzó el programa Trabajo Seguro, cuyos objetivos principales son crear conciencia sobre las dimensiones de los accidentes de trabajo, promover la protección de los trabajadores según los estándares internacionales, y aumentar la capacidad de los Estados miembro de implementar programas preventivos eficaces.
Trabajo Seguro buscará crear alianzas e impulsar campañas para que los gobiernos tomen medidas más vigorosas, y apoyará acciones nacionales mediante un programa integral de asistencia técnica directa. Los primeros objetivos serán las ocupaciones peligrosas, los trabajadores vulnerables por su sexo o edad, y los trabajadores del sector urbano informal, que muchas veces carecen de protección básica de salud. Durante el acto también fueron recordados los miembros del Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) que murieron el año pasado en Timor Oriental, así como a otros funcionarios de la organización muertos o heridos en actos de servicio.
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