Ganadería en predios familiares puede ser exitosa
Sin queja, sin propaganda, con poca ayuda, muchos productores se pueden convertir en exitosos ganaderos, la clave no tiene misterios: hay que hacer comida, suministrarla a los animales de modo correcto y acertar en la compra venta…
Huber Estévez trabaja en su establecimiento ubicado en el paraje Sauce de Solís, en el límite de los departamentos de Lavalleja y Maldonado, sobre la ruta que la gente de la zona denomina «la Cortada a la Nueve», camino que nace dentro de Solís mismo y que muere a la altura de los dos puentes de la ruta nacional referida. El predio de la familia Estévez está a sólo cinco kilómetros de Solís de Mataojo, Huber es nacido en ese pago, el más chico de una familia que estaba radicada en el mismo campo que hoy él continúa laborando.
Comenzó su vida productiva en el año 1980, contó que trabaja 80 hectáreas, de campos buenos que se han ido mejorando con el agregado de fertilizantes y la siembra de pasturas.
En el tiempo de su padre, el rubro principal era la agricultura, la chacra, la cultura agropecuaria del lugar se identifica con la de los productores del nordeste de Canelones, y en el siglo pasado, el ingenio azucarero de Rausa, y la remolacha fueron pilares de la zona; Estévez contó que cuando comenzó como productor, dos años plantó remolacha.
El pueblo
Como en la mayoría de las familias, los campos se dividen luego de que el padre cumple con su ciclo biológico, Huber fue el único que se quedó a trabajar la tierra, los demás hermanos se fueron para el pueblo, recordó con sus 49 años, en los que los soles y las heladas le han encanecido el pelo. En este tiempo ha desarrollado su familia en el medio rural, y confesó que se ha defendido como gato entre la leña, fue cambiando de rubro, haciendo de todo un poco, y crió a sus dos hijos, Richard y Andrea, que están culminando sus estudios universitarios.
Al comienzo de su actividad hacía de todo un poco, plantaba boniato, cebolla, crió cerdos durante muchos años, «fui engordador, teníamos chanchas y se invernaba todo, pero se tuvo que dejar porque no daba, y ahora se liquidó». Uno de los problemas que surgió con el rubro fue que se criaba a campo y la industria empezó a requerir cerdos engordados en encierros, relató que «hice un chiquero grande de hormigón, pero los números no me daban».
Cambio
Ese trajinar de rubro en rubro forma parte de una búsqueda que hace la mayoría de los productores familiares del país, muchas veces conduce al desánimo y a la emigración, Estévez contó que en 2003 entró al grupo Solís, que trabaja en la órbita de la Sociedad Fomento Ortiz, en ese momento comenzó a dedicarse a la ganadería, a la invernada, empezó a sembrar cultivos para la realización de silo de planta entera, hizo praderas, alfalfa, aplicó el paquete tecnológico de invernada intensiva, que utilizan algunos pequeños productores en la zona, y que se asemeja en mucho al que se aplica en el tambo.
Con la ganadería, Esteévez afirmó que se buscaba un rubro que diera mayor ganancia, que fuera seguro, en un predio que está limitado por el área, dijo que no se buscó una actividad que diera menos trabajo, ya que la tecnología que aplica requiere de mucha dedicación, cambiar la franja, racionar a los animales, además de los momentos más demandantes de labor, en trillas, siembras, ensiladas y enfardadas.
Estévez define que la clave del éxito en esta actividad es preparar comida para el invierno, fue el gran cambio, ya que «en el invierno no sacábamos nada, sólo a pasto no se engorda», señaló.
Campo
El 98 por ciento del área del campo está mejorado, tiene sembradas praderas convencionales que la última seca mató, lo que fue una situación complicada, dijo. Siembra praderas en base a trébol blanco, rojo, tiene plantada festuca, que fue lo único que aguantó en la seca, y un área de semilleros. Cuatro hectáreas de alfalfa le dan cosecha y enfarda, con fardo cuadrado, que luego vende en el pueblo, afirmó.
Festuca y alfalfa como modo de prevenir los fenómenos extremos de falta de lluvias que los expertos indican que vendrán con mayor frecuencia.
Estévez relató que el tema de la semilla fina ha sido un buen negocio para su predio, un rubro que impacta de modo importante en los predios ganaderos que tienen problemas de escala. En el predio también se siembran tres o cuatro hectáreas de trigo, grano que es utilizado para el gasto del establecimiento y que ahora está dando a las vaquillonas que está engordando, un par de kilos por animal.
El productor comentó que la incorporación de nuevas tecnologías tiene una dificultad importante para el productor familiar, cuando se tiene que contratar servicios, «te cobran más si tienen que molerte grano, o si tienen que hacerte fardos, trillar o ensilar», por eso es clave que se pueda contar con la maquinaria básica, lo que Estévez solucionó con el uso colectivo de la herramienta, cosechadora y máquina de siembra directa que tiene en común con el grupo Solís.
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