Un fantasma recorre Europa

"¿De desGrecia en desGrecia?"

Luego de la debacle de la economía griega, una vez que se hicieron públicos los números de sus finanzas y el volumen desconsiderado de su deuda, para no nombrar los luego detectados non santos maquillajes contables.

Grecia se ha convertido en el fantasma de moda de los países desarrollados, dice el colega Marcelo Justo en una nota para BBC.

Y es que en el viejo continente, pero mas allá también, la debacle griega viene siendo el argumento esgrimido en diferentes países para fuertes recortes fiscales que, principalmente, se ciernen sobre salarios y jubilaciones, mientras los demás nodos del sistema de intereses, siguen tan campantes

Según el colega de la lBBC, el Reino Unido, Japón, Alemania y España, Italia y Francia invocan la debacle helénica para justificar brutales recortes fiscales: el euro mismo, la segunda moneda del planeta, parecería estar en la cuerda floja por el rojo presupuestario griego.

La presencia en Atenas la semana pasada de una delegación del FMI, el Banco Central Europeo y representantes de países de la eurozona tiene algo de imagen aleccionadora, de irresponsable pecador castigado con la pérdida de la independencia económica.

Por su parte, la agencia de calificación Moody’s corporizó el temible fantasma de los mercados financieros, al rebajar a los bonos de deuda griega al nivel de «inversión especulativa», que en la jerga financiera significa «bono basura».

Invocando la necesidad de evitar un contagio, España, Portugal e Italia han aprobado paquetes de ajuste con la receta usual de este tipo de medidas: recorte de salarios públicos y pensiones, y aumentos impositivos.

Esta vacuna del mega-ajuste preventivo no se limita a naciones del sur europeo «aquejadas» por una presunta tendencia genética al despilfarro.

El 7 de junio, la canciller de Alemania, Angela Merkel, anunció recortes presupuestarios de unos 80.000 millones de euros para salvar a la moneda única europea y sentar un precedente de rectitud fiscal a sus socios de la eurozona, en medio de la crisis griega.

En el Reino Unido, la flamante coalición conservadora­liberal demócrata anticipó que el nuevo presupuesto del 22 de junio contendrá un fuerte ajuste para evitar que los mercados financieros identifiquen la situación fiscal británica con la griega, lo que podría elevar el costo de su deuda.

En Francia, el gobierno de Nicolas Sarkozy anunció el congelamiento del gasto público en los próximos tres años y, en Japón, el nuevo primer ministro Naoto Kan advirtió a poco de asumir que era urgente lidiar con la situación fiscal para no terminar como Grecia.

En algunos casos, se ha sobreactuado de tal manera la presencia de este fantasma que el tiro ha salido por la culata.

El 4 de junio, un portavoz del nuevo gobierno de centro derecha de Hungría quiso demostrar su fe en el credo de los mercados comparando la situación nacional con la de Grecia y declarando que no era «una exageración decir que el país podría caer en una cesación de pagos».

El comentario produjo una caída del florín, un aumento de los seguros para la deuda húngara y declaraciones apresuradas desmintiendo lo que se había dicho.

Si uno toma como punto de partida la deuda pública, la situación de Japón es la peor del mundo desarrollado: supera el 200% de su Producto Interno Bruto (PIB).

En números brutos, se puede decir que está mucho peor que Grecia, cuya relación deuda­PIB es aproximadamente la mitad de la japonesa.

Pero por estructura económica, productividad o nivel de exportaciones, por la composición de su deuda (la mayoría en manos nacionales), por el nivel de reservas (la segunda más alta del mundo), la posición de Japón es holgadísima: no tendrá problemas para financiar su deuda.

En resumen, esta asimilación que se hace de la situación griega y la de otros países no se basa en un criterio objetivo: su función es eminentemente política.

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