DGI: SE AYUDO DE LEVADURA PARA COBRAR LOS IMPUESTOS
La cantidad de levadura de la pizza sirvió para calcular los impuestos de un restaurante cuando faltaban las facturas según relata en un informe Isabel Laventure del Estudio Ferrere.
En su relato indica que cuando la DGI llegó al restaurante, las cuentas no le cerraron. Los inspectores hicieron un arqueo de caja al final del día y vieron que había mucho más dinero en caja de lo que marcaban los registros de ventas. Avanzada la investigación, se comprobó que la caja registraba las ventas por un importe menor al real o directamente no las registraba. Esto explicaba la diferencia que se constató en el arqueo. Los inspectores solicitaron que se les entregaran todas las facturas de los últimos años, pero estas brillaban por su ausencia.
Frente a esta situación, la DGI estimó la deuda por impuestos, clausuró la empresa y presentó una denuncia penal por defraudación contra sus responsables. Los dueños del negocio confesaron la maniobra y fueron presos por defraudación.
El relato continúa con que los procesados discutieron el monto del impuesto que les reclamaba la DGI. Sostuvieron que le aplicaron parámetros de épocas de bonanza cuando la maniobra se hizo durante la crisis de 2002. El tema que debió resolver la Justicia pasó a ser cuánto debían los dueños de la pizzería.
La influencia de la pizza
La DGI sostuvo que para llegar a determinar las ventas reales había utilizado el método de la «influencia de la pizza».
El procedimiento consistió en determinar la proporción de las ventas de pizza en relación a las restantes ventas del restaurante.
Luego, se le pidió a un proveedor del restaurante que informara cuánta levadura le había vendido en los últimos años. De esta manera, se calculó cuánta pizza se había vendido. Los dueños del restaurante decían que los cálculos de la DGI daban mucho más de lo que realmente se vendió. El método utilizado no reflejaba la realidad y no podían basarse en meras presunciones para llegar a una suma disparatada.
¿Qué dijo la Justicia?
El tribunal le dio la razón a la DGI.
Dijo que el procedimiento utilizado de obtener un «mix de ventas» y determinar la influencia de la venta de determinado producto en el producido total de la empresa era un buen criterio.
Además, resaltó que la DGI había hecho el esfuerzo de solicitar información a proveedores a efectos de ajustar las cuentas. La empresa que no cumplió con su obligación de entregar las facturas, evitando así que la DGI pudiera determinar sus ventas reales, ahora no se podía quejar.
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