Inversión en construcción superará los 2.300 millones de dólares
Otegui destacó que Uruguay es «único en el mundo» por el diálogo del gremio (Sunca) con los empresarios (Cámara de la Construcción) y adelantó los proyectos de colaboración, entre los que se encuentra destinar 180 millones de pesos para asistir con vivienda a obreros de la construcción jubilados.
¿Qué previsión tenemos para este año para el sector de la construcción?
El 2009 cerró con un buen nivel de actividad, mejor que el que suponíamos en principio por la crisis externa. El sector tuvo un comportamiento bueno, con un período de caída en el último trimestre de 2008 y primer cuatrimestre de 2009, cuando bajamos de 52 mil hombres en obra y 130 mil circulando alrededor de la industria, a 44 mil hombres y 115.000. Cerramos 2009 con casi 48 mil hombres en obra y alrededor de 125 mil de la industria.
El nivel de inversión de 2009, si bien aún no está cerrado, va a ser muy parecido a 2008, superando, creo yo, los 2.300 millones de dólares, lo cual es una cifra importante. Como previsión para este año la impresión que tenemos es que hay muchas obras privadas que se están concretando. Entre ellas podemos detallar el Centro cívico en la Ciudad de la Costa, que es una inversión cercana a los 60 millones de dólares que ya se inició. Son capitales nacionales y brasileros, pero la constructora es una empresa uruguaya.
Tenemos el hotel Carrasco, en el que ya empiezan las primeras tareas de acondicionamiento, suponemos que en el correr del otoño. Esta es otra obra de cerca de 60 millones de dólares.
¿En qué lugares estima la mayor inversión?
Creo que va a haber niveles de inversión sostenidos a lo largo de 2010, en todo lo que es la franja de la costa, incluyendo la del Río de la Plata y del océano Atlántico. Va a haber obras de infraestructura hechas por el Estado como la Refinería de La Teja, que ya está en marcha y que está ocupando ahora a 300 obreros, pero va a llegar a su pico más elevado en 2010 y va tener mucho movimiento de personal de alta calificación; hay empresas uruguayas y argentinas trabajando que van a superar los 1.500 trabajadores.
¿De dónde son los capitales que están construyendo?
Creo que dentro del sector privado hay una confluencia fuerte de capitales uruguayos, argentinos, brasileros, chilenos y en algunos casos del primer mundo, es decir españoles, americanos e italianos. Eso es lo que uno nota, que está detrás de ciertas inversiones de cierto porte. Si miramos la industria como una unidad y empezamos a contabilizar las inversiones de menor porte podemos suponer que 2010 va a ser un año más o menos similar a 2009.
Es decir, que vamos a tener un nivel de inversión y ocupación bueno, con obras importantes en marcha. Lo que está ocurriendo es que hay una inversión pública importante. Le nombré Ancap pero hay más y han ocurrido muchas en los últimos 18 meses. Tenemos la impresión de que el país, superada la instancia de ingreso del nuevo gobierno, superado el presupuesto y que se ordenen todas las inversiones, va a caminar bien. Hay dos o tres inversiones que se van a concretar este año del sector privado; dos han trascendido, una es la vía rápida en Avenida Italia, que es necesaria y va a demandar 150 millones de dólares, se comenzará en invierno o primavera. Tenemos por otro lado la terminal nueva que anunció Buquebus. Entre terminal, hotel cinco estrellas y oficinas, del orden de 100 millones de dólares. Y detrás de eso hay gente que ha comprado en su momento, capitales uruguayos, por lo menos cinco manzanas sobre la bahía, que van a desarrollar también un impacto posterior o simultáneo que indica que además de los de Buquebus, allí se invertirán 40 o 50 millones de dólares en obras financiadas por empresarios uruguayos.
¿Cómo está la relación de la cámara con los trabajadores? ¿Este incremento de la inversión aumenta la informalidad o no?
En realidad lo que ha ocurrido en los últimos años se divide en dos extremos: en la salida de la crisis 20032004 de acuerdo a los números del BPS, INE y la Cámara de la Construcción teníamos una incidencia de la informalidad por encima del 50% de la generación del producto en el sector, que es un número altísimo. Es decir que, en plena crisis, la mitad de los trabajadores estaba en negro y además con todas las consecuencias que eso generaba en compras, proveedores, subcontratos y profesionales. El trabajo informal implica una serie de elementos. Lo primero que salta es el trabajador en negro, pero los daños al BPS, a la DGI, a la estructura social del país son muy elevados. Los daños colaterales son múltiples y pronunciados. Eso fue lo que atacamos con más energía cuando se inició el gobierno del doctor Tabaré Vázquez y coincidimos con los trabajadores en que es uno de los elementos que debíamos combatir y tratar de revertir.
Actualmente, los números nos dicen que el sector no supera el 22% de trabajo informal.
Cuanto más baja es, más difícil que siga bajando, pero en eso hemos tenido, tanto trabajadores como el sector empresarial y las autoridades, una política conjunta.
Las muertes en la construcción también deben de tener que ver en la baja que hubo…
Eso es otro tema complejo pero no hay duda de que estamos trabajando muchísimas más horas hombre, y la relación que hay entre las horas hombres y los siniestros, entre mortales o no, ha disminuido. Por supuesto que esto es complicado, porque detrás de un accidente siempre hay un lastimado, un herido o un muerto y eso implica que la industria trabajó durante mucho tiempo en forma conjunta. El Sunca, la Cámara y el Poder Ejecutivo desde hace años trabajan para tratar normativas y controles aplicables en toda la República.
¿Cómo estamos en Uruguay respecto a los convenios internacionales de OIT?
En ese terreno, Uruguay tiene una tradición casi única en el mundo, el haber adherido a casi todos los convenios internacionales ha sido la política internacional en los gobiernos a lo largo de los años. Eso después se traduce para ver cómo se articulan, fronteras adentro, leyes o decretos que den cumplimiento a esa normativa internacional a la que Uruguay adhirió.
En términos generales debemos ser de los países del mundo con mayor cantidad de convenios adheridos en este terreno y mayor regulación de esos convenios. Por supuesto que eso siempre es un trabajo dificultoso.
En el caso de la construcción hemos trabajado y discutido con el sindicato todos los temas en los que creíamos podíamos tener acuerdo.
La construcción ha generado una red social a su interior absolutamente potente. Es probable que esto se conozca poco porque lo hemos hecho trascender poco.
Los beneficios alcanzan a 80 mil trabajadores y también a 3.000 empresas y lo hacemos con el Sunca y lo hemos ido perfeccionando. Que todos los hijos de la construcción que empiezan el año escolar reciban un set de útiles con una mochila, capa de lluvia, botas y túnicas. Ese tipo de cosas que, vistas en forma individual, son una manera de colaborar con la familia del trabajador. En este caso entregamos cerca de 20 mil sets por año a gurises, hijos de trabajadores, en conjunto para aliviar la canasta de esa familia. Tenemos una red de formación en la que se capacitan 2.000 adolescentes, hijos de trabajadores, que aprenden computación. Venimos cubriendo 2.000 cupos por años. Son señales que da la industria, Sunca y la Cámara de la Construcción. Son temas importantes de los que no le pedimos al gobierno que lo haga, sino que nos juntamos con el Sunca, ponemos la plata, la administramos y hacemos lo que corresponde.
¿Es decir que a nivel internacional Uruguay es un ejemplo de entendimiento entre trabajadores y empresarios?
Hay ejemplos en algunos países donde alguna cámara empresarial hace este
tipo de acciones pero en forma individual. En otros países son los sindicatos en forma individual. Que se haga en forma conjunta no conozco otro caso en el mundo. Tenemos un proyecto de ley en el Parlamento que será aprobado en la próxima administración para que un fondo de vivienda que está depositado en el Banco Hipotecario, del entorno de 180 millones de pesos que hemos aportado trabajadores y empresarios en muchos años, se redirija para actuar en las viviendas de trabajadores que viven en asentamientos, y queremos mejorarlas pero la ley no nos permite actuar porque es de otro Uruguay, en la década del 60.
El segundo renglón que pensamos atacar es el tema de la droga. Queremos estar habilitados para actuar en forma preventiva ante este flagelo que nos pega muy duro sin importar si somos empresarios o trabajadores. Cuando la droga aparece en una familia, pega y pega duro. Y ahí queremos trabajar en conjunto con el Sunca. Y por último el proyecto de ley también apunta a un relevamiento donde hay obreros viejitos que están jubilados y están en situación de desamparo.
Por eso queremos actuar con los hogares de ancianos a lo largo y ancho del país, yendo a los hogares de ancianos y ver si necesitan arreglar paredes, hacer baños nuevos, ampliar la cocina, hacer un dormitorio más y ver como contrapartida si hay obreros de la construcción jubilados en situación complicada para que les den cabida. Este tipo de articulaciones que la industria puede hacer porque es potente, solucionando temas sin pedirle al Estado y sin esperar que otros lo hagan. Y la capacitación, que el año pasado largamos como plan piloto en Montevideo, Canelones y Maldonado para capacitar a nuestros obreros.
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