Los banqueros están tranquilos
La ofensiva del presidente estadounidense Barack Obama contra los bancos ha creado un clima de incertidumbre reglamentaria en el sector que explica la caída de los valores bancarios en el mundo, incluso si el impacto directo del anuncio es limitado, según los analistas.
Los valores de los bancos europeos acusaban el golpe ayer viernes: Barclays, RBS, Deutsche Bank, UBS, Credit Suisse, Société Générale, Natixis y Crédit Agricole perdían todos más de 4%, con los otros títulos bancarios también en retroceso aunque más moderado. La reforma recrea de facto una forma de separación entre banco comercial y banco de inversiones, igual a la instaurada en 1933 con la Glass Steagall Act (anulada en 1999), ya que es difícil separar entre las actividades por cuenta propia en los mercados y aquellas a título de las actividades de la clientela. En todo caso, los analistas invitan a relativizar el alcance efectivo de los anuncios. «De la voluntad exhibida a la realidad hay un gran paso», estima Pierre Flabbée, analista de Kepler Capital Markets. «Barack Obama tendrá problemas para hacer pasar su reforma en el Senado», agrega. Además, la reforma tendría poca incidencia para los bancos extranjeros en caso de limitarse solamente a Estados Unidos. «Muy pocos bancos son al mismo tiempo un banco comercial y un banco de inversiones», según Flabbée. «No hay impacto directo», confirmó una fuente bancaria de un gran establecimiento francés. Pero los anuncios de Obama no dejan indiferentes a los banqueros. «Sería falso decir que no estamos preocupados. El clima mundial no es favorable a los bancos», añade esa fuente.
Los reguladores europeos podrían estar tentados de aplicar las propuestas de Obama en Europa, según un analista que no quiso revelar su identidad.
Si ocurriese esto, «los bancos franceses serían los más afectados, porque son los que tienen más actividades por cuenta propia en los mercados», explica.
La mayoría de los analistas no cree que las ideas norteamericanas sean adoptadas en Europa, ya que el modelo de regulación elegido se basa en el control fino de los riesgos y el aumento de las exigencias de capital, aunque las dudas persisten.
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