El fin de los grandes bancos se acerca en EEUU
Luego de que Volcker se quejara semanas atrás de no ser escuchado, Obama le rindió homenaje.
«Propongo una reforma simple y de sentido común que llamaremos la regla de Volcker, por este hombre alto detrás mío», dijo Obama, quien expresó luego su «profundo» aprecio por los consejos del gigante de 82 años.
La «regla de Volcker» consiste en prohibir a los bancos comerciales (créditos y depósitos) especular en los mercados financieros por su propia cuenta.
Ex jefe de la FED de 1979 a 1987, Volcker comenzó a apoyar a Obama durante su campaña electoral, antes de convertirse en jefe del «Consejo presidencial para la reconstrucción económica», organismo no oficial encargado de buscar respuestas a la crisis.
Este vencedor de la gran inflación de los años 1980 abogó en vano durante largos meses para impedir a los bancos comerciales que negocien títulos por cuenta propia.
En octubre, el New York Times consagró un artículo a su fracaso en imponer sus ideas al presidente frente a los equipos de consejeros oficiales de la Casa Blanca, en particular Larry Summers, presidente del Consejo económico nacional.
Junto a Robert Rubin, de quien fue asistente de 1995 a 1999 antes de sucederlo como secretario del Tesoro, Summers fue uno de los artífices de la desregulación financiera aprobada durante la presidencia de Bill Clinton.
Esta desregulación culminó en 1999 con la abrogación total de la ley bancaria de 1933 a fin de regularizar la situación de Citigroup, nacido de la fusión del banco Citicorp con la firma de servicios financieros Travelers, del cual Rubin (asesor de Obama durante su campaña) sería durante largos años consejero especial y miembro del consejo de administración.
Conocida bajo el nombre de sus perceptores, la Glass-Steagall Act de 1933 imponía una barrera infranqueable entre bancos de depósitos y bancos de inversión.
Volcker propone una versión modernizada de esta ley, pero hasta hace poco tiempo parecía predicar en el desierto, frente a Summers, al ex protegido de este Timothy Geithner, secretario del Tesoro, y a otros consejeros económicos de Obama.
El New York Times relacionaba en octubre «su desacuerdo con la gente de Obama sobre el eventual restablecimiento de alguna versión de Glass-Steagall» al hecho de que él no estaba «sino raramente -por no decir jamás- en la pequeña oficina puesta a su disposición en Washington».
Tan recientemente como en diciembre, Volcker no ocultaba su decepción en una entrevista concedida al semanario económico BusinessWeek. «El presidente escuchó mis argumentos varias veces», pero «yo soy solamente una voz entre otras en la conversación», «él es el presidente, él decide».
Finalmente Obama se decidió. Algunos, como Peter Morici, profesor de economía en la universidad de Maryland, estiman que las dificultades del mandatario, ante una opinión pública crecientemente descontenta con su política económica, no son ajenas a este viraje.
Según el periodista Floyd Norris (New York Times), es la consecuencia inesperada de la derrota demócrata del martes en la elección parcial en Massachusetts para llenar una banca en el Senado federal: «Súbitamente Paul Volcker es escuchado en la Casa Blanca».
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