El presidente Barack Obama anunció un plan para limitar el tamaño y las actividades de los bancos estadounidenses y de las empresas financieras, en un intento por combatir los excesos corporativos y la toma de riesgo desmesurado, que inmediatamente provocó una caída en Wall Street.
“Nunca más los contribuyentes estadounidenses serán rehenes de un banco que sea demasiado grande como para dar quiebra”, prometió Obama, junto al ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker, quien luchó por restaurar las reglas adoptadas durante la Gran Depresión, que separaban las operaciones de comercio bancario de las de inversión, dejadas luego de lado por años de desregulación financiera.
“Aunque el sistema financiero es ahora mucho más sólido que hace un año, sigue operando exactamente bajo las mismas reglas que lo llevaron al borde del colapso”, dijo Obama.
“Mi decisión de reformar el sistema se ve fortalecida cuando veo un retorno a las viejas prácticas y a algunas de esas empresas oponerse a la reforma”, agregó el mandatario. El plan, que se suma a otras iniciativas en tal sentido de la Casa Blanca, debe obtener la aprobación del Congreso. El plan efectivamente forzaría a las empresas financieras a elegir entre actividades inmobiliarias, negociación bursátil y en ocasiones riesgosos instrumentos financieros o actividades comerciales, como préstamos y depósitos.
La Bolsa de Nueva York reaccionó inmediatamente al anuncio, acentuando las pérdidas insinuadas desde la apertura de operaciones, con el Dow Jones llegando a perder más de 2%.
Obama presentó su plan junto a su vicepresidente Joe Biden, en presencia además de su equipo de consejeros económicos y de dos eminentes congresistas demócratas encargados de asuntos económicos, el Senador Christopher Dodd y el Representante Barney Frank, en el último episodio hasta la fecha de su ofensiva contra los grandes bancos, a los que acusa de haber puesto de rodillas a la economía estadounidense con sus prácticas riesgosas. El presidente ya había anunciado el 14 de enero un proyecto impositivo para medio centenar de grandes bancos, destinado a permitir la recuperación de los fondos públicos invertidos en el marco del plan de estabilización del sistema financiero. Este “impuesto sobre la responsabilidad de la crisis financiera” que debería aplicarse durante 10 años o por el tiempo que fuera necesario para reembolsar integralmente el dinero de los contribuyentes, debería producir unos 117.000 millones de dólares, suma que corresponde al monto máximo de las pérdidas evaluadas por el departamento del Tesoro en el plan de rescate.
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