Porcentajes. En relación a 2002 los suicidios bajan 21% y el desempleo 55%

Mejora en economía no logra disminuir suicidios

Seis años después, en 2008, 5.000 eran quienes recibían el seguro de paro, siete veces menos, pero los suicidios se mantenían casi al mismo nivel. Hay varias teorías al respecto: por un lado quienes sostienen que el desempleo y la caída de los ingresos aumenta la tasa de suicidios, por otro, quienes opinan lo contrario.

¿La situación económica de un país incide en la cantidad de suicidios? Esta es una pregunta que desde hace mucho tiempo analizan no sólo los economistas sino también sociólogos y médicos vinculados a la psiquiatría.

Uruguay es un país que como en muchas otras áreas presenta contradicciones en este tema. Si bien la mayoría de los suicidios en los últimos 100 años ocurrió en 2002, año de la gran crisis, el espectacular crecimiento de la economía en los últimos 5 años, no sólo no disminuyó los suicidios, sino que incluso se mantuvieron. Entre 1998 y 2008 la cantidad de suicidios en Uruguay sumó 4.949 casos, siendo el 77% hombres quienes se quitaron la vida. Si bien 2002 constituyó un récord, en 2005 la tasa logró bajar a 503 casos, pero volvió a incrementarse en 2007 a 588.

Esto lleva a pensar que deben existir otros factores, como podría ser el consumismo insastisfecho, que impulsa estos hechos.

Ya en 1998, la doctora Rossana K. Lucero Abreu, publicaba en la Revista Médica del Uruguay, un estudio denominado «Suicidios en Uruguay: su relación con la economía nacional (1972 a 1992)» y en las conclusiones señalaba que según los resultados de sus estudios «en nuestro país la tasa de suicidio no se encuentra influenciada por los cambios sociales y por tanto en los individuos que la integran, que tienen lugar con las variaciones en la economía del país. Esta interpretación es, nos parece, apresurada, puesto que numerosos estudios apoyan la existencia de esta relación», aunque señala que hay otras variables que podrían estar mejor asociadas, entre ellas la ocupación, el nivel educacional y el patrón de consumo.

 

Brenner y Eyer

El trabajo de Abreu se basa en gran parte en la teoría de Harvey Brenner. En 1979, Brenner dio a conocer una hipótesis sobre los ciclos económicos y la salud basada en el análisis de una serie temporal de 1936 a 1976 sobre la relación entre las tasas de mortalidad agregada y varias medidas de actividad económica en Inglaterra y Gales. Sus resultados indicaban que los cambios económicos caracterizados por el desempleo y por fluctuaciones del ingreso per cápita pueden tener profundas consecuencias adversas en la salud de las poblaciones. Esa variabilidad, declaró, se relaciona directamente con el riesgo de mortalidad. A su ver, los ciclos económicos tienden a empeorar el gradiente socioeconómico de la salud porque su efecto más perjudicial se manifiesta en los grupos de menores ingresos. Brenner alegaba que cuando la economía es inestable, la inseguridad resultante suele dar lugar a hábitos de vida también inestables, se deterioran las redes sociales básicas y las angustias vitales se sienten hondamente; es decir, que la relativa falta de seguridad económica y laboral de los grupos de menos ingresos explica en gran medida sus altas tasas de mortalidad.

Pero en la sociedad moderna, quizás sea J. Eyer quien tiene razón. Sugiere que el crecimiento económico es perjudicial para la salud y que las tasas de mortalidad descienden durante los períodos de desempleo. Para este autor lo más importante a ser considerado es el estrés asociado al trabajo y a las relaciones sociales en el proceso productivo en una sociedad de clases.

Entre otras razones Eyer indica que la competencia en el trabajo, lleva a un aumento del estrés y se ha comprobado científicamente que el estrés es uno de los causantes de la depresión, que de ser crónica puede llevar al suicidio.

 

La economía no influiría

Lo cierto es que a pesar de los cambios positivos en materia económica, los suicidios continúan siendo un grave problema, manteniendo la característica de que son más predominantes en hombres mayores de 50 años.

Según datos del Instituto de Estadística, la tasa bruta de mortalidad por suicidios mostró grandes oscilaciones anuales hasta fines de la década de los 80. Entre los años 1992 y 2000 creció en forma exponencial incrementándose un 76% y registrando en 2000, 586 suicidios. Pero las cifras que siguieron fueron más altas.

Si observamos las cifras entre el año 1998 y 2008, en cuanto a defunciones por suicidios, el pico se observa en 2002, con 691 casos. No es de extrañar en particular que ese año la tasa se eleve. Los datos de 2002 mostraron un desempleo del 17% y el salario real se ubicaba en 88,7 puntos (base 1000 de 1995). Quienes recibieron el seguro de desempleo ese año fueron 35 mil personas. El país estaba sumido en un semi-caos, con una devaluación y un feriado bancario, y el cierre de varias instituciones financieras. Cientos de empresas quebraron. Por lo tanto se podría pensar que al mejorar la economía la tasa de suicidios debía bajar de manera más que considerable. Pero eso no fue así.

Si observamos la tasa de suicidios de 2008 vemos que se ubica en 539. En relación a 2002 los suicidios bajan 21%, mientras que el desempleo lo hace 55% (de 17% en 2002 pasa a 7,6% en 2008) y el salario real subió de manera considerable, con unas 5.000 personas en el seguro de desempleo.

Por lo tanto deben ser otros factores, más allá del empleo o los ingresos, los que impulsen el suicidio. La clave parece estar en el estrés como una de las causas de la depresión y ésta del suicido. De esta manera en el siglo XXI la teoría de Eyer se está superponiendo a la de Brenner.

Es que las expectativas de desarrollo dentro de la sociedad podrían constituir un factor clave en el tema, a lo cual se debe sumar la sociedad del consumo.

Y una de las principales repercusiones de esta situación se observa en los más jóvenes. La tasa de suicidios dentro de los jóvenes varones (de cero a 34 años) es alta: 13,9 cada 100 mil habitantes, cuando hace 10 años llegaba a 9,2. En este caso en particular se debe señalar que el desempleo siempre ha sido más alto en este sector sector de la población, que en los demás, aunque también las exigencias del mundo moderno, que lo llevan a tener que ser exitoso, estar a la moda y pertenecer a algún grupo social determinado. El ser excluido por sus pares, por no cumplir esas condiciones, parece que provoca una situación que en muchos casos los jóvenes no saben manejar y los lleva en definitiva a quitarse la vida. Un dato a tener en cuenta: en Uruguay ha crecido de manera exponencial el consumo de alcohol entre los jóvenes, y la OMS advierte que este es un factor de suicidio en este sector de la población.

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