El nuevo impuesto del 3%: innecesario, injusto y arbitrario
Claro que la lógica es la misma que la estructura tributaria actual gravando consumidores y trabajadores y la promesa electoral de derogar la sobretasa del impuesto a los sueldos quedó en eso en promesa electoral, mientras que la verdadera solución al sistema tributario uruguayo (desde el punto de vista de la justicia tributaria, de la lucha contra la evasión y de la recaudación) es el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas sigue fuera de los impuestos en Uruguay, compartiendo ese privilegio para los ricos con pocos países del mundo.
Como dice un experto tributario internacional un sistema tributario sin Impuesto a la renta de las personas físicas es como un cuerpo humano sin columna vertebral.
Y ahora entonces se nos plantea un nuevo impuesto a los bienes de consumo del 3%, cuyo objetivo es compensar una baja de la recaudación que generaría la reducción de aportes patronales en el agro y en la industria.
Analicemos esta medida en tres dimensiones: su objetivo, el impuesto propiamente dicho y sus impactos socio económicos.
El objetivo del impuesto
Se trata de una medida que transferirá ingresos desde los consumidores (que pagarán el impuesto) a los empresarios del agro y la industria en especial los grandes que tienen más mano de obra y por ende mayor reducción de aportes. Es claramente una estrategia de redistribución de la carga tributaria de consumidores a empresas, tal como igualmente lo afirma el jefe de la misión del FMI en Uruguay consultado por el diario El Observador.
Compartimos el objetivo de reducir impuestos a las empresas para recuperar competitividad perdida por el brutal atraso cambiario que este mismo modelo generó. Sin embargo tenemos dos discrepancias en este ítem:
* Creemos que esta rebaja de impuesto debe ser parte de la política del gasto del Estado y no debe financiarse con impuestos a los consumidores. Por ejemplo se podrían reducir los gastos de la burocracia del Ministerio de Economía (que gasta más de 150 millones de dólares al año) o del Ministerio de Defensa, por ejemplo.
* Pero además si los cálculos están hechos sobre la base de magnitudes iguales entre el nuevo impuesto y lo que se deroga hay un error matemático que es sin duda conceptual. Si como dice el gobierno esta medida generará empleo, habrá nuevos aportes personales de los nuevos trabajadores y entonces aumentará el ingreso al BPS y por ende lo que hay que compensar es menos, porque una parte se compensa por el propio aumento de la actividad económica y de empleo.
El impuesto mismo
Discrepamos radicalmente con este nuevo impuesto al menos por dos razones.
* Fiel a la filosofía liberal es un impuesto que todos los productos pagan por igual, independientemente de que el producto sea prescindible o imprescindible, que compita o no con productos nacionales o que sirva o no como insumo para actividades productivas internas. Da lo mismo que sean camisas chinas, duraznos en almíbar griegos, fertilizantes, etc. Por ende tiene un solo objetivo que es fiscalista y no está pensado como dinamizador y/o protector de la producción nacional, en la dirección del planteo argentino de aumentar el arancel externo común a bienes de consumo extrarregionales.
* Pero además se agregan los productos nacionales, lo cual significa un gravamen más a la producción nacional.
Los impactos del nuevo impuesto
En una economía de gran poder en el mercado por parte de los oligopolios nacionales e internacionales, parece muy claro que este impuesto será trasladado al precio del bien y ello encarecerá los bienes de consumo y además reducirá las compras en el mercado interno.
Por más que, con una dosis de voluntarismo y sin duda desconocimiento del funcionamiento de los mercados, el Presidente de la República diga que no va a influir en los precios. Quizás alguna empresa por la crisis de ventas hoy no lo pueda trasladar, pero a la larga se trasladará sin duda. Por ende los consumidores pagarán la rebaja de aportes patronales de las empresas del agro y la industria.
Una relfexión final
El Fondo Monetario Internacional (FMI) vio con buenos ojos este impuesto, lo que significa que por la vía de los hechos autorizó a poner el impuesto que vendrá en la tercera ley de urgencia. La verdad es que nos debería importar poco lo que opina el FMI, pues este es un tema de soberanía nacional y de definición entre los uruguayos. Al margen, este organismo internacional ha cometido grandes errores en sus últimos asesoramientos. En realidad el gobierno debería consultar a la gente. Quizás fuera bueno, como costumbre, que en estos temas que son candentes, afectan a los ciudadanos e incumplen promesas electorales, repito, sería bueno que se plebiscitaran por parte del gobierno.
Como ha dicho el ingeniero Juan Grompone varias veces hoy un plebiscito es rápido y barato. Basta poner en lugares estratégicos una terminal de Internet y que la gente se exprese.
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