Abogados y reglas
La producción de semilla fina es compleja, muchos factores además del clima juegan en la partida, sólo el tener que cerrar muy temprano los semilleros, no destinando la comida a los animales, es parte de una realidad en la que la mayoría de los semilleros del país son más que nada ocasionales.
Pero también es innegable que la normativa sobre los royaltis que se cobran sobre la mayoría de las variedades que hay en el país, ha complicado aún más a los productores, que en su mayoría asistieron ajenos a cómo se legisló en materia de derechos de propiedad, sorprendidos algunos no pueden creer que para vender su semilla deban pagar a las empresas que las patentaron, o más sorprendidos quedan cuando inspectores y abogados caen en sus predios a darles la buena nueva de su compromiso.
La situación profundiza el desaliento, pues los productores no quieren problemas y dejan el rubro, de ése modo el país es invadido por variedades foráneas que no están adaptadas a nuestro clima y suelo, de ese modo los productores pagan cada vez más por variedades que producen en el largo plazo menos, pero en esto tendrían que hablar los que saben de verdad, y que muchas veces no lo hacen pues están amenazados a perder sus puestos de trabajo.
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