EL MODELO DE LAS AGENCIAS DE DESARROLLO
La reforma del Estado aparece hoy con justificación por cierto como una de las prioridades del presidente electo Pepe Mujica.
Más que un Estado más chico, un Estado mejor, con mayores y mejores servicios a la ciudadanía que le dé calidad a los servicios es por supuesto un objetivo altamente compartible.
El modelo de las agencias ha tratado de atemperar parte de los problemas del Estado. Las agencias son organismos paraestatales compuestos por representantes del sector público, del sector privado y/o de los actores sociales.
La Corporación Nacional para el Desarrollo (CND), la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) creada por este gobierno, el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU), Uruguay XXI, el Instituto Nacional de Calidad (Inacal), la proyectada Agencia Nacional para el Desarrollo (AND) a estudio en el parlamento nacional son algunas de las agencias que trabajan y muchas de ellas son vitales en las políticas diseñadas por el Estado.
Están regidas fuera del marco tradicional de la actividad pública, tienen normas más flexibles para su funcionamiento por lo que se transforman en instrumentos aptos para ejecutar las políticas emanadas del Poder Ejecutivo con más celeridad y no en pocas ocasiones con mayor profesionalidad sobre las tareas encomendadas.
El ideal del funcionamiento del gobierno parece encaminarse a Ministerios que discutan, diseñen las políticas del Estado y que una parte importante de esas políticas sean ejecutadas por las Agencias, que se convierten en los hechos en organismos poderosos, que manejan importantísimos recursos financieros y que son actores muchas veces principales de los hechos políticos de mayor notoriedad del país.
Y es aquí donde quiero detenerme. Es aquí donde quiero reflexionar sobre los límites de las Agencias, cuál debe ser su rol para no caer en patologías que pueden confundir y trabar más que ayudar a ejecutar las políticas del gobierno.
1) Las políticas y los programas deben ser diseñados, aprobados y decididos en sus resultados finales en los Ministerios. Los programas no pueden tener vida propia o sea nacer y desarrollarse en la propia agencia. Corremos el riesgo de sustituir las decisiones políticas de los Ministerios y que éstas se trasladen a las agencias constituyendo un desacierto desde el punto de vista institucional.
2) No pueden actuar en las agencias actores de primer nivel del gobierno en curso. Es evitar la tentación que en lugar de tratarse de lugares ejecutores se transformen en quienes llevan a cabo las políticas. Es ganar en la liga lo que se perdió en la cancha.
3) Los recursos deben estar fundamentalmente en los Ministerios, y luego de definir los programas traspasarlos a las agencias para que lo ejecuten. Hay que evitar que sea al revés, que el dinero lo tienen las agencias y los ministerios solicitan incluir o incidir en tal o cual programa.
El modelo de agencias es saludable para el país, pero debemos cuidar ciertos procedimientos para que la institucionalidad no se vea alterada por el «Sr Hechos».
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