LOS ACUERDOS PARTIDARIOS

Políticas de Estado parecen ser las palabras mágicas que todos queremos escuchar. Significa tener políticas en los grandes temas nacionales, que estén más allá de los partidos, en las que todos estemos de acuerdo y nos comprometamos a llevarla adelante, sin réditos partidarios y mirando exclusivamente el bien común.

Suena muy bien como aspiración, pero ni bien ahondamos en estas cuestiones la cosa no parece tan sencilla como en sus enunciados. Existen barreras que no se solucionan en una charla de boliche, que vencerlos es un verdadero desafío nacional. La barrera ideológica es la primera a vencer, y no es sencillo. La discusión sobre el sistema tributario no es casualidad. Hay quienes consideramos la búsqueda de la igualdad y la equidad (cada uno en diferentes grados) como un objetivo esencial en nuestro accionar y otros que no. Esto se refleja en las discusiones de los últimos quince años en el país sobre la introducción del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas, discusión que seguirá seguramente por varios años más. Lo mismo ocurre con las reformas laborales encaradas por este gobierno. Nuestros opositores creen que la democracia se agota en el parlamento nacional donde están quienes representan a todos los ciudadanos a través del sufragio. Nosotros entendemos que además deben darse instrumentos para la participación amplia de la gente y de la sociedad en todos los ámbitos posibles. De allí que nosotros veamos con buenos ojos el desarrollo de las organizaciones sindicales y por lo tanto la ley de fueros sindicales. Es otra diferencia profundamente ideológica. Hay otros casos que tienen que ver con nuestros compromisos. La plantación de la caña de azúcar en Bella Unión es un ejemplo. Los partidos tradicionales dijeron a todos quienes quisieran escucharlos que estos proyectos no eran viables y apostaron a la importación del azúcar y la falta de inversión en ese emprendimiento. Nuestra fuerza política con el compromiso personal de nuestro actual presidente, Tabaré, manifestamos que el proyecto era viable, que era posible reactivar toda esa zona y prometimos desarrollar en nuestro gobierno ese emprendimiento productivo. Así lo hicimos y no es casualidad que la oposición se pasara cinco años fustigando y oponiéndose al proyecto de ALUR. ¿Cómo hacen ahora para decirle a sus votantes que ha quedado demostrado en los hechos que el proyecto es viable? No es fácil. También la historia está muy ligada a lo que somos. En este marco las políticas de Estado son muy importantes. Pero mucho más importante es encontrar un proyecto de país que se encarne en la gran mayoría del pueblo uruguayo. Y eso lo estamos logrando, el Uruguay va consolidando lentamente ese proyecto. Es el uruguay productivo, con justicia social, transparente, el Uruguay responsable, el Uruguay ejemplo de democracia en el mundo, el Uruguay que da garantías. Son marcas país que se instalan a fuego y que comienzan a ser patrimonio de todos los uruguayos. Así se ha construido el Frente Amplio, con un programa, con un proyecto y sumando poco a poco a todos. Las eventuales participaciones de la oposición en nuestro gobierno tiene que ser sobre la base de ayudar a la construcción de este rumbo, con los aportes que puedan realizar, no el mínimo común múltiplo de las propuestas que terminan retrocediendo un proceso que se encuentra en pleno avance popular. El grado de participación en los entes del estado y servicios descentralizados no deben ser la excepción a este criterio. Que las empresas públicas no se conviertan en circos romanos como extensión del trabajo parlamentario. Sería lamentable que esto fuera así, en nuestra concepción son otra cosa y así debemos seguir manteniéndolo.

Hagamos esfuerzos por entendernos, pero que no nos diluya en nuestro proyecto de país, el que tanto nos costó obtener y al que tenemos el gran desafío de continuar, de avanzar y de profundizar.

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