Trabajo grupal. Transforma a las personas y aparece cómo último recurso

Comunidades rurales para evitar emigración

Hugo César tiene su establecimiento de campo en los alrededores de la localidad de Mariscala desde hace dos años. Forma parte de la directiva de la Sociedad Fomento Rural Ortiz, que celebra su asamblea anual el próximo sábado.

César destacó la importancia del grupo humano trabajando en común en el medio rural. Dijo que «el grupo es como un animal que se nutre de sus elementos, los hace crecer individualmente, los hace abrirse y la acción genera cambios importantes en las personas».

En este aspecto opinó que es notable la transformación individual de los que participan. «Uno se da cuenta en los otros pero sin duda que le debe pasar a uno mismo: un buen grupo lo cambia, uno no es el mismo al año de estar en contacto con el trabajo colectivo, cuando el grupo funciona bien», opinó.

Subrayó una idea que considera importante y es que una sociedad fomento no se puede manejar sin un grupo ya que no es como un comercio, «no es un boliche en el que una persona o familia tiene puesta la expectativa de un proyecto económico o de vida que hace sostener en el tiempo la acción; en una fomento uno participa, pero no va a permanecer toda la vida, ni los hijos van a heredar el cargo, por eso el grupo es lo que mantiene la actividad. Se va formando poco a poco, en base, casi exclusivamente, a la motivación de las personas», afirmó.

 

Tarde pero bueno

No es tarde, señaló César, para encarar el gran trabajo de llegar al Uruguay profundo que se esconde aún detrás de cerros y cañadas, una población que consideró muy especial, que vive igual que lo hacía hace cien años, arraigada a costumbres telúricas, pero que «no tienen una noción de trabajo, un sistema, son poco laboriosos, un día hacen un gran esfuerzo y se rompen el lomo, pero los otros días de la semana se levantan a las diez de la mañana», contó.

Para el directivo de la SFRO, «llegar a esa gente en forma individual es imposible, hay que buscar agruparla. Lo he visto en grupos, cómo las personas se nutren unas a otras y cómo se empieza a tener rutinas, en pequeñas grandes cosas del trabajo rural, como hacer franjas todos los días o racionar ganado». En este aspecto César consideró que en pocos meses «se pasa de un hombre que baja la mirada cuando te da la mano a uno que levanta la mirada cuando te saluda y se anima a opinar», dijo.

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