Hace 110 años Uruguay entraba en un "concordato"
Las crisis económicas por las que atravesó el país en diferentes instancias no datan de este siglo, ni del pasado, sino que nos tenemos que remontar al siglo XIX. Ya por 1890 se hablaba de la deuda externa y según la mayoría de los economistas la crisis de la deuda externa de 1891, fue lo que en parte hipotecó el futuro del país.
Precisamente, ese año, se producía uno de los hechos económicos históricos más importantes para un Uruguay que luchaba por sobrevivir: la conversión de la deuda externa.
Benjamín Nahum, docente e investigador del Area de Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración, realizó un trabajo donde expone cómo se «solucionó» el problema de la deuda externa a la vez de efectuar un análisis de cómo se llegó a la crisis económica de 1890, una de las más profundas de toda la historia de la Nación.
Resulta interesante cómo a pesar de los años, algunos aspectos de la realidad nacional, continúan siendo casi iguales, 110 años después.
Nahum explica que la economía tenía como pilar el comercio y la ganadería, pero entre 1884 y 1886, ambas enfrentaron graves dificultades. Declinó el «comercio de tránsito», que se realizaba en la región. En la ganadería, tras finalizar las guerras civiles internas, los bovinos y ovinos inundaban el campo y se producía más de lo que los medios técnicos de la época (saladeros y mataderos) podían procesar y colocar en el exterior. A nivel internacional bajó el precio de la lana y el cuero, con una consecuente caída de los ingresos de oro al país.
Paralelamente a esto las importaciones aumentaron. En referencia a este último punto Nahum señala que el aumento de las importaciones es en parte por el crecimiento demográfico pero también por «la exarcebación del consumo suntuario de las elites». Todo esto lleva a que las cifras de la balanza comercial se hicieran cada vez más negativas.
«Al revés ocurrió con la balanza de pagos, lo que permitió disimular el desajuste: sucesivos empréstitos externos inyectaron fondos abundantes que alentaron la especulación, la creación de empresas aventureras y la emisión descontrolada de billetes bancarios. En lugar de alimentar el crédito a la campaña productora, el dinero se concentró en la ciudad, con lo que se multiplicaron las acciones y títulos de Bolsa, el consumo suntuario, el derroche y la especulación, que desembocarían en la crisis» señala el docente.
El estallido
El estudio de Nahum, publicado en la revista Quantum de la Facultad de Ciencias Económicas, realiza un resumen de la crisis económica de 1890. El estallido de la misma se produce el 5 de julio de ese año, cuando el Banco Nacional suspendió la conversión de sus billetes a oro. Esto era porque se había excedido extraordinariamente en su emisión y no tenía respaldo oro necesario para hacer la conversión que los tenedores de billetes le exigieron apenas conocida la noticia de sus dificultades. Esto produjo una verdadera conmoción en Montevideo con la desesperación de las personas que concurrieron al Banco Nacional intentando cambiar sus billetes por oro.
Para Benjamín Nahum una de las causas de la crisis era el ya mencionado déficit de la balanza comercial. Otra fue el déficit de la balanza de pagos, generado entre otras razones por la radicación de deudas en Londres y el pago de garantías de ferrocarriles, y sobre todo la especulación desenfrenada.
Ya en esas épocas existía la especulación financiera. «Las dificultades de la Casa Baring Brothers de Londres llegaron con fuerza al Río de la Plata, donde muchos capitales provenían del exterior. Hubo retirada de capitales argentinos de la plaza montevideana y se verificó una fuerte escasez de dinero en ella. Quebraron más de mil casas comerciales y compañías de todo tipo, las acciones se desmoronaron (las del Banco Nacional pasaron de 119 pesos a 12 pesos). Grandes fortunas quedaron deshechas y se instaló la desocupación» señala el autor.
La deuda
Paralelamente la crisis provocaba la baja de ingresos fiscales del Estado y la situación del Banco Nacional perjudicó al gobierno que tenía depositados sus fondos en él.
El Estado registró déficit presupuestales muy fuertes que recayeron sobre los sueldos de los empleados públicos y las clases pasivas, con atrasos de hasta 4 y 5 meses en los pagos, abonándose con vales que se vendían a los usureros instalados en los Arcos de La Pasiva (hoy Ciudad Vieja) al 50% de su valor.
Como el gobierno debía equilibrar la situación tomó tres medidas: aumentó los derechos de importación (entre otros a fósforos, bebidas y alimentos), bajó entre 10% y 20% los sueldos de los empleados públicos, 15% las pensiones y renegoció la deuda pública.
Esta deuda era con el extranjero (Londres) y en 1890 el 40% del presupuesto nacional, era para pagar la deuda externa.
Se decidió entonces refinanciar esta deuda y para ello el gobierno de Julio Herrera y Obes decidió enviar al ex presidente José Ellauri a Londres.
En el momento en que éste llega a Inglaterra, en julio del 91, se produce una nueva crisis con una nueva caída del Banco Nacional y la suspensión de pagos del Banco Inglés del Río de la Plata, donde había 85 mil libras del Estado. Este dinero era para pagar la deuda externa y al no estar los fondos no se pudo pagar, por lo que Uruguay entró en mora.
El acuerdo
El 26 de agosto de 1891 se firmó por parte de Ellauri, un convenio con el Consejo de Tenedores de Títulos Extranjeros de Londres. Sintéticamente el acuerdo señalaba que: se emitía una sola deuda externa consolidando las de 1883,1888 y 1890 a un intererés de 3,5% anual, se incluian las garantías de los ferrocarriles y su atraso, y también los intereses atrasados de las deudas anteriores. Quizás, la medida más trascendente, fue que se afectaba el pago de un 45% de los ingresos diarios de la Aduana, los cuales deberían ser vertidos a los agentes tenedores ingleses (Banco de Londres y Río de al Plata) y transferido posteriormente a Inglaterra.
El contador Nilo Berchesi, en un trabajo publicado en 1944, señala que como ventajas de este acuerdo se encontraba una reducción del costo de los servicios (ahorro anual de 1,1 millón de pesos) se consolidaron deudas anteriores y se rebajó la tasa de interés. Como desventajas indicaba un aumento de la deuda externa en 12 millones de pesos y la extensión del plazo para la extinción de la deuda a 100 años, en lugar de los 40, 32 y 21 que hubieran hecho falta para saldar las tres anteriores.
Para Nahum la operación fue «un concordato» realizado en acuerdo con los acreedores, que rebajó pagos anuales a cambio de extender plazos y aumentar costos totales. «El alivio inmediato para el Estado se había conseguido», señala Nahum, pero «el país quedaba con 100 millones de pesos de deuda a pagar en 100 años reforzando así su dependencia –esta vez financiera– del exterior».
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