Dependencia energética y geopolítica
La dependencia de fuentes energéticas externas es uno de los dilemas centrales que ha aquejado a nuestro país durante décadas, y que recién comenzamos a revertir.
A partir de una política de largo aliento, pero con efectos sobre el corto y el mediano plazo, de fuertes inversiones y el desarrollo de fuentes alternativas que permitan diversificar la matriz y avanzar hacia formas menos dependientes, más ecológicas y rentables.
Fuera de la aldea
Pero este dilema, que al interior de nuestra realidad nacional se vive como singularmente propio, es el mismo por el que atraviesa la poderosa y desarrollada Unión Europea que depende del gas ruso para mantener su economía en funcionamiento. Al mismo tiempo la energía, si bien es una condición vital para el desarrollo económico, implica también aspectos geopolíticos y militares nada sencillos, en los que están en juego múltiples intereses. Cruda prueba de ello lo suponen la infinidad de conflictos bélicos que el control de las fuentes de energía ha propiciado. Muchos de los cuales ocurren hoy, ante nuestros ojos, desde Irak a Afganistán, pasando por Africa, y sin descartar que nuestra región pueda convertirse en un bocado apetecible para esos intereses.
La dependencia de energía de origen ruso se encuentra en el centro de la política europea y los países de la Unión quieren dejar de depender de dicho suministro, aunque la cosa no es para nada fácil, y menos barata.
Movimiento de piezas
En tal sentido una nota de la BBC en su versión en Internet señala que la Unión Europea espera haber dado un paso más en su objetivo de garantizarse el suministro de gas ruso a través de Ucrania. El grupo de los 27 países acordó financiar una reconversión del sector energético ucraniano para evitar una nueva «guerra del gas» entre este país y Moscú.
La Comisión Europea dijo que el préstamo será de U$S7.000 millones y podrá destinarse al pago de la deuda que Ucrania contrajo con su vecino ruso.
El presidente de esta institución, el portugués José Manuel Durao Barroso, no dio detalles sobre la operación, pero aseguró que Ucrania se comprometió a garantizar y aumentar la transparencia y la viabilidad a largo plazo de la industria energética del país. Este plan ya había sido solicitado por el presidente ruso, Dimitry Medvedev, quien el pasado mayo propuso que Europa concediera préstamos para cubrir los pagos de Ucrania.
Europeos preocupados
El pasado enero, Rusia suspendió el envío de gas a Ucrania por una disputa sobre el precio de gas, tensiones que afectaron severamente el suministro de este hidrocarburo a varios países de la UE en plena época invernal, un escenario que los estados europeos no desean que se repita, señala la nota de la BBC. Esta crisis también motivó a la UE a buscar una ruta alternativa por el mar Caspio para el suministro de gas, una perspectiva que molestó a Rusia. Rusia suministra un 25% del gas que se consume en la UE, y el 80% de este hidrocarburo llega a través de Ucrania. En ocasiones, algunas fricciones diplomáticas entre Moscú y Kiev han provocado que en más de una ocasión la empresa de gas ruso, Gazprom, cortara el suministro.
Por Turquía
Por ello los líderes de la Unión Europea (UE) y Turquía firmaron este lunes un acuerdo para construir el llamado gasoducto de Nabucco que pretende evitar el corte del suministro de gas ruso por atascos en algunas regiones de Ucrania.
La nueva tubería recogerá el gas en el Mar Caspio y el Medio Oriente para después cruzar Turquía, Bulgaria, Rumania y Hungría antes de culminar en Austria.
Costos e interrogantes
El medio británico indica que sin embargo, aún hay muchas interrogantes sobre el proyecto, como por ejemplo quién pagará por los gasoductos y exactamente de dónde extraerán el gas.
Agrega que «el esquema es muy costoso, pero cuenta con el respaldo de la Unión Europea y de Estados Unidos».
Sin embargo, un acuerdo firmado el mes pasado entre Rusia y Azerbaiyán levanta preguntas sobre cuánto gas quedará disponible para el proyecto Nabucco.
Geopolítica
El objetivo de Rusia es asegurar que una gran proporción del gas atraviese su territorio para mantener su poder energético sobre los países vecinos.
Adicionalmente, Rusia construirá un nuevo ducto en alianza con una compañía italiana que le permitirá transportar gas desde el Mar Negro hasta los Balcanes. Europa se prepara así para una competencia de tuberías que no hace más que demostrar que el control del gas es un as bajo la manga en el juego de poder del siglo XXI.
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