Productores ganaderos familiares resisten en la tierra
El camino sale a la derecha de la Ruta 12 que une Minas con Maldonado. Campos criadores con montes tupidos que cubren las laderas de los cerros y pocos valles donde crecen buenos pero escasos pastos, entre la piedra.
Allí, integrados y adaptados al entorno de coronillas y mataojos vive Héctor Alonso con su familia. Cuando se le pregunta si hace mucho que está en el pago, antes de responder esboza una leve sonrisa, hace un gesto y cuenta que nació en la misma pieza donde nos recibe, una amplia habitación de paredes de piedra y anchas puertas que comunican con el resto de la enorme casa que según dicen fue construida a comienzos del siglo pasado.
La estufa arde, es domingo de mañana, la primera demanda conduce al cuento de su nacimiento, y refleja lo que fue la vida en el campo uruguayo, aún en la segunda mitad del siglo veinte. Su padre salió a buscar la comadrona, a caballo, una mañana típica de invierno. La casa de la mujer de los partos quedaba a varias leguas que se hicieron más por la niebla, el futuro padre llegó de noche a su destino y para su sorpresa la mujer le dijo que hasta el amanecer no iba a cabalgar, llegaron al otro día cuando el niño ya había nacido, Alonso relata que la abuela asistió a su madre en el parto, con desmayo incluido.
Hijos y nietos
Alonso retozó en esos campos, lo mismos hicieron sus hijos, también sus nietos que vienen y van entre nuestra charla. Desde muy chico cuenta que hacía las tareas de campo, pero además salía por los cerros, rumbo a las canteras de mármol que dieron trabajo a una zona que supo tener una población rural numerosa. Las canteras fueron el motor por muchos años, pero dejaron de trabajar en la década de los ochenta. Varios de sus familiares eran sus vecinos, fueron trabajadores de las canteras, Alonso recuerda que siendo un niño salía con dos kilos de tabaco y hojillas que vendía a los obreros a la salida de la cantera, y vendía todo en un rato.
Las canteras abandonadas dan un aspecto especial al lugar, recorrer y encontrar los establecimientos muestra la cara más triste que deja el progreso cuando los emprendimientos dejan la tierra y los ruidos de máquinas y picapedreros dejan lugar al silencio. Ana, la mujer de la casa, adorna los relatos con anécdotas, todas tienen que ver con el trabajo que han pasado y las peripecias de su historia, por ejemplo recuerdan que cuando se casaron su único capital era una moto, que aún funciona, con el tanque lleno que duró varias semanas.
Plantar papa entre nidos de piedra
La familia Alonso es típica de nuestro país, luchadora desde sus mismos orígenes ha realizado para su subsistencia otras actividades productivas, una muy particular para una zona de sierra: la siembra de papa. Cultivaban papa y poroto, lo que en algunas zafras les dio resultado. Cultivos hechos en los pequeños espacios planos del terreno, al comienzo arando con bueyes. Alonso afirma que cuando los grandes productores de papa se apoderaron del mercado, el negocio dejó de servir y en poco tiempo el rubro también abandonó las sierras. Pero considera importante como causa de malos años, que las variedades de papa comenzaron a venir cada vez más delicadas y «se apestaban y perdían todas».
Sin capital
Su empresa ganadera se fue nutriendo de lo que ellos llaman como «los guachos», criando terneros y terneras sin madre, fue creciendo poco a poco un rodeo que según cuentan casi no tuvo compras de ganado.
Las 241 hectáreas de campo que trabajan es quebrado y lo recorren cañadas y vertientes que aportan a las nacientes de los arroyos Pan de Azúcar y Mataojo, a pesar de ello la seca los castigó de modo profundo.
La familia Alonso se arrimó a la Sociedad Fomento Rural Ortiz para participar del Proyecto Ganadero. Cuentan que el ingeniero Mesa los llamó, los fue a visitar y comenzaron a trabajar en los objetivos productivos que se trazaron. Son campos ovejeros, difícil que se pueda trabajar sin ellas, pero tenían 500 ovinos, la reducción de la carga bajando el número de capones fue una de las primeras medidas que se hizo para aliviar la carga animal y hacer más protagonista al rodeo vacuno.
Tecnología y baja dependencia
La empresa comenzó a aplicar el paquete tecnológico simple y con baja dependencia de los insumos, se sembraron 30 ha de Lotus Rincón y se hicieron alambrados eléctricos. El rodeo vacuno se comenzó a manejar de modo ordenado y se aplicó el destete temporario en los terneros durante el verano.
Durante el año 2007 entraron 64 vacas y tuvieron un porcentaje de preñez de 53%; en 2008 el número de vacas entoradas fue de 70 y el porcentaje de preñez subió a 70%.
La sequía impactó de modo muy importante en este establecimiento, durante el verano hubo vacas con ternero que tenían papera, por ello Alonso explicó que decidió entorar sólo a las vacas falladas, por lo que el número de terneros que tendrá para vender el próximo año será inferior al de otras zafras, un problema que complicará de verdad, señala, un tema que algunos técnicos han puesto sobre la mesa: a los productores ganaderos familiares le faltarán esas ventas fundamentales.
Estrategia grupal
La familia Alonso comenzó a participar en el Grupo de Productores San Francisco, hace ya algunos años y valora de buen modo el aporte que les ha dado. Ana guarda los papelógrafos de todas las reuniones que hicieron en su casa, sirven de ayuda memoria para recordar las diversas medidas que fueron recorriendo, el orden ha ido ganando terreno dentro de la empresa, cuentan. La familiaridad con datos técnicos forma parte del proceso, por ejemplo recuerdan que antes no manejaban con certeza el tema de la dotación de ganado que lleva su campo, ahora, dice Alonso, «planificamos, el grupo nos ha servido para abrirnos la cabeza, y es una gran motivación». A la mejora en la gestión se agrega el cambio en el relacionamiento social que han conseguido, las reuniones de grupo no sólo sirven desde el punto de vista productivo, se han hecho varios amigos con los que comparten muchas actividades.
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