El director general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el francés Pascal Lamy, fue reelecto por los 153 miembros del organismo multilateral para ejercer un segundo mandato de cuatro años, cuya prioridad será nuevamente concluir el ciclo de Doha.
“No me cabe duda de que los cuatro próximos años serán difíciles (…), pero estoy seguro que podremos salir ilesos de la tempestad”, explicó Pascal Lamy a los embajadores reunidos en consejo extraordinario para un voto sin sorpresa.
Lamy, al frente de la OMC desde setiembre de 2005, era el único candidato en liza, algo inédito en la historia de esa institución creada en 1995.
Este ex militante del Partido Socialista francés, de 62 años, prometió el miércoles que, en caso de ser reelecto, su “mayor prioridad” sería la conclusión de la Ronda de Doha de liberalización del comercio mundial.
Se trata de un desafío difícil, que se complicó aún más por las medidas proteccionistas adoptadas por numerosos países desde la agravación de la crisis económica mundial a fines del año pasado.
La Ronda de Doha se inició en 2001 en la capital de Qatar, y está trabada principalmente por las discrepancias entre los países en desarrollo, que reclaman una mayor apertura de los mercados agrícolas de los países ricos que, a su vez, piden más acceso para sus productos industriales y sus bienes de servicios en el resto de mundo.
Se trata de “un test decisivo de nuestra capacidad colectiva para reforzar al sistema global de comercio”, insistió.
Es una tarea enorme, reconoció Lamy, destacando que Doha contiene objetivos tres a cuatro veces superiores a los de los ciclos precedentes. A esto se agrega el incremento del número de miembros.
En julio de 2008, apostando a la nueva distribución geopolítica mundial que dio fuerza a los países emergentes, Pascal Lamy puso todo su peso en esta iniciativa. Estuvo a punto de tener éxito, pero después de nueve días de discusiones la negociación se vio bloqueada por un enfrentamiento entre India y Estados Unidos.
Este fracaso no disuadió al ex negociador de la Unión Europea ante la OMC, quien reconoce que su principal cualidad es “la perseverancia”.
En noviembre obtuvo, en plena crisis, un compromiso de los países del G20 reunidos en Washington de terminar antes de fines de 2008 los dos expedientes principales del ciclo: la agricultura y los productos industriales. Fue una decepción más. Pascal Lamy, consciente de que no contaba con el compromiso político necesario en pleno cambio de gobierno en Estados Unidos, renunció incluso a convocar a los ministros.
Pero este alto funcionario que según sus allegados es “un líder excepcional” no abandona la tarea, convencido de que el ciclo de Doha, que prevé una reducción drástica de los aranceles para miles de productos, es aún más necesario en épocas de crisis. En el G20 de Londres, el 2 de abril, defendió nuevamente los colores de la OMC, amonestando a los países respecto al proteccionismo y destacando la necesidad de terminar urgentemente con el ciclo de Doha.
Sin embargo, Lamy reconoce que nada cambiará hasta que los norteamericanos hayan adoptado una posición, lo que “toma tiempo”.
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