Región. Tiene fuerte potencial por las condiciones del clima

Uruguay es uno de los países que más crecen en energía renovable

Uno de los sectores que mostraron más dinamismo en 2009 para América Latina será justamente el eólico. Hasta el momento, los 769 MW de potencia instalada en la región representan menos del 0,5% global.

Pero por las proyecciones de crecimiento que tiene la Asociación Latinoamericana de Energía Eólica (Lawea, por sus siglas en inglés) en 2009 deberían sumarse más de 1.200 MW y otros 1.000 MW en 2010. Considerando que las inversiones en la industria eólica están en torno a US$ 2 millones por cada MW construido, la inversión totalizaría unos US$ 2.400 millones en este bienio. «La energía eólica en la región está madurando gracias a la inestabilidad en el suministro de combustibles fósiles, algunos marcos regulatorios que incentivan a esta energía renovable y del gran potencial de la región», dice Mauricio Trujillo, director ejecutivo de Lawea, desde sus oficinas centrales en México.

Los países que más crecen son Uruguay y Nicaragua, que de casi cero pasan a varias decenas de MW de potencia instalada. También hay crecimiento en Chile, donde el sector se está poniendo al día. Aunque tiene una legislación avanzada, aún no se han concretado grandes proyectos eólicos. La cosa podría cambiar con el anuncio de Codelco, la minera estatal chilena, de llamar a una licitación para construir una planta eólica que genere entre 20 MW y 40 MW. México es otro que viene al alza: pasó de 88 MW en 2007 a 155 MW en 2008.

Sin embargo, la gran inversión está en Brasil, pues este año se realizará por primera vez una subasta exclusiva para contratar energía eólica, lo que lleva también a la discusión de una regulación especial para este segmento. Un tema fundamental es el precio al que se venderá cada unidad de energía y la cantidad de energía eólica que el gobierno se comprometerá a adquirir. «Hay cerca de 2.400 MW en proyectos eólicos autorizados que podrían comenzar a construirse mañana mismo, que están a la espera», dice Fábio Dias, secretario ejecutivo de la Asociación Brasileña de Pequeños y Medianos Productores de Energía Eléctrica.

Es Argentina, no obstante, el país con mayor potencial eólico de toda América Latina. Si es que se analiza el factor de parque -la proporción del tiempo al año que la turbina estaría produciendo energía gracias a la presencia de viento-, Argentina tiene zonas que están entre las más favorables del mundo. En La Patagonia, por ejemplo, hay zonas donde el factor de parque llega a 60%, una de las más altas del planeta. Dicho porcentaje duplica la media europea y supera holgadamente las mejores áreas de Brasil y Chile, donde el rendimiento puede llegar a poco más de 45%. «En América Latina hay muchas zonas con factor de parque de 40%, que es muy competitivo», dice Pescarmona, de Impsa, empresa que tiene varios proyectos en su país de origen. No obstante su potencial, la regulación argentina no favorece nuevas inversiones. «Hoy en Argentina hay un precio artificial de la energía, lo que acaba matando iniciativas que podrían ser la solución en el futuro», dice Oscar Schweitzer, consultor de Aros Consultoria en San Pablo.

 

Gas natural

En el sector del gas, uno de los movimientos más significativos que se han puesto en marcha es la construcción de plantas licuificadoras para exportación de Gas Natural Licuado (GNL) y de recepción, almacenamiento y licuificación de GNL. Hay unidades para recepción en etapa de proyecto, construcción o inicio de operaciones en Chile (Quintero y Mejillones), Brasil (Pecém, Guanabara y Río Grande), Argentina (Bahía Blanca y Buenos Aires), Uruguay (Montevideo) y Colombia. Y de licuificación en Perú y Venezuela. Tales proyectos se deben, en buena parte, a la inestabilidad política y de abastecimiento en la región, como ha sucedido en las relaciones Bolivia-Brasil y Argentina-Chile. Con plantas licuificadoras y gasificadoras, los países consumidores y exportadores podrían negociar con una mayor gama de socios comerciales. A eso se suma la seguridad en el abastecimiento. En Chile, la llegada de gas por vía marítima permitiría la reconversión de las termoeléctricas que fueron convertidas para operar con diesel, tras la interrupción del abastecimiento desde Argentina.

Esto está dando un empuje extra a las termoeléctricas, que ya venían al alza gracias al desarrollo en países abundantes en hidrocarburos, como Perú. En el país andino, donde funcionan cuatro plantas de ese tipo, entrarán en operación otras cuatro en 2010 y 2011, casi doblando la capacidad instalada. En Brasil se espera que dos nuevas centrales entren en operación en 2011 y otras cuatro en 2013, además de la unidad de Petrobrás en Cubatão, de 400 MW, prevista para el cierre de este año. «Es un segmento que atrae tanto a inversionistas tradicionales como Vale, Gerdau, Votorantim y Odebrecht, como a grandes grupos internacionales, como EDF y EDP», dice Marcos Tavares, socio director de la consultora Gas Energy. Solamente en Brasil, se calcula que se invertirán anualmente cerca de US$ 1.500 millones en la contrucción de termoeléctricas a gas. También gana espacio la generación y la cogeneración a partir de biomasa.

Brasil es la sede principal de la acción, especialmente gracias a los proyectos de cogeneración en la industria del etanol, que busca qué hacer con las toneladas de deshechos de la caña que no son usados en la fabricación del combustible verde.

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