El G-20: mucho ruido pero ¿cuántas nueces?
Uno de los sucesos de la semana fue sin dudas el cónclave del Grupo de los 20 países más relevantes económicamente del globo. Varias han sido las medidas adoptadas, aunque las declaraciones fueron muchas más.
Desde el altisonante festejo del primer ministro británico, augurando un nuevo orden mundial, pasando por la diplomática congratulación de Obama, al raro ruido europeo continental. En especial Francia y Alemania que si bien acompañaron las conclusiones y declaraciones, dejaron entrever que se reservarán espacio para adoptar las medidas que consideren pertinentes para no comprometer su estatus de grandes potencias económicas. Medidas que por otra parte ya venían adoptadas, tendientes a la protección de sus grandes fábricas e instituciones financieras. Lo que conspira contra espíritu de las recomendaciones de defender los preceptos de un mundo comercial e informativamente abierto y transparente.
Viejos eufemismos
Pese a lo rotundo de la debacle que azota en especial a los principales exponentes del sistema, los viejos eufemismos de la diplomacia abonan un largo camino de dudas. Por ejemplo, el último reclamo, de ayer nomás, de los países europeos para «flexibilizar las normas contables de las empresas, en particular de los bancos» por lo que aducen que se encuentran en desventaja con sus competidores estadounidenses, que tras las catarata de salvatajes, inyecciones, licuación de pérdidas, nacionalizaciones parciales o totales, en cualquier intento de transparentar cuentas. El precio a pagar por un sistema financiero más regulado parece ser, dialéctica mediante, el toqueteo de los balances.
Flexibilidad o toqueteo
La reacción europea deriva, según ellos, de la decisión unilateral que establece las normas de contabilidad en EEUU, la FASB (Financial Accounting Standards Board, Junta de estándares de contabilidad financiera) de suavizar las reglas de evaluación de los activos con el fin de ayudar a los bancos a limpiar sus balances de activos «tóxicos». Los europeos quieren el mismo trato, pero las normas contables de la UE dependen de un organismo supranacional, el IASB (International Accounting Standards Board), que las fija no sólo para Europa sino también para muchos otros países, salvo EEUU.
Viejas paradojas
Estos organismos que responden a los intereses de los países que lo integran, vuelven a reeditar otra de las viejas paradojas del orden mundial que los hizo ricos y desarrollados. Mientras piden flexibilidad emiten sendos listados de diversas tonalidades, en los que incorporan a países que supuestamente carecen de la estricta disciplina que ellos evitan. El colmo fue el affaire entre la OCDE y nuestro país, abonado por la ignorancia, la falta de titulares o los intereses de poca monta, ya que si bien nunca integramos la lista de paraísos fiscales, como se informó errónea y repetidamente, sí la de país no del todo cooperante, a las 24 horas no estaban sacando también de esa lista.
Dentro del rosario de viejas paradojas, la más atronadora es la resurrección del FMI, con US$ 750 mil millones en sus arcas, será el vigilante del nuevo (?) orden emergente tras el cónclave.
Nuevas paradojas
Pese a la permanencia de algunas viejas paradojas, el G-20 nos ha dejado algunas novedades relevantes. Una de las principales es justamente el número. Es que la ampliación de los deliberantes a 20, con la inclusión de países emergentes de todos los continentes es un real avances al acotado de G-7, G-8, o directamente la G sola, con la que se han tomado algunas de las decisiones más importantes en el último tiempo. No hace falta ahondar el off side de la ONU y otros ámbitos deliberativos en las últimas aventuras belicistas, para citar solo un ejemplo. Nuestros vecinos, flamantes integrantes, parecen haber capitalizado de forma distinta su nuevo sitial. Mientras unos buscan cambios en las estructuras multilaterales para poder incidir, otros parecen más entretenidos en armas listas.
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