El impacto de las crisis financieras en la región está estrechamente relacionado con la escasez del financiamiento externo y a la magnitud de las turbulencias en el comercio internacional, concluyen los autores.
Además, muestran que las crisis financieras han tenido efectos profundos, extensos y generalizados en la región, con independencia de las características de los países y de sus condiciones iniciales.
Tras aportar datos que reflejan los efectos de la actual coyuntura en América Latina, concluyen que, al igual que en anteriores ocasiones, estas economías sufrirán profundos efectos negativos de manera generalizada, sin importar su grado de conexión con los mercados financieros internacionales, su nivel de apertura al comercio externo, o sus condiciones iniciales.
En el caso de las turbulencias actuales, desde el segundo semestre de 2008, los flujos de capitales privados a la región han disminuido, e incluso se han revertido en algunos países. Se estima que para 2009 estos recursos serán 50% inferiores a los de 2008, y el comercio global declinará cerca del 9%.
“La evidencia empírica sugiere que en el caso de América Latina el actual episodio y sus manifestaciones no difieren del patrón observado en crisis anteriores… A pesar de los esfuerzos de los países por contrarrestar sus efectos, éstos pueden ser insuficientes para evitar el estancamiento o incluso la contracción de la actividad económica en la región”, concluyen los autores. Por su parte, en el documento, Sandra Manuelito, Filipa Correia y Luis Felipe Jiménez, señalan que el deterioro del proceso crediticio, la insuficiente supervisión y las fallas en la autorregulación de los mercados financieros en Estados Unidos están en la raíz de la crisis económica global. Además, en América Latina han surgido intermediarios cuya regulación y supervisión es insuficiente y que son factores potenciales de inestabilidad. Los economistas agrupan en cuatro grandes áreas las lecciones que América Latina puede sacar en cuanto a los aspectos regulatorios internos:
1. La necesidad de un enfoque macro-prudencial complementario al actual enfoque regulatorio. Postulan una perspectiva global para la regulación financiera, que se preocupe del comportamiento del conjunto del sistema.
2. La reducción de la prociclicidad de los sistemas financieros. 3. La ampliación del ámbito tradicional de la regulación y supervisión a toda institución financiera que tenga el potencial de afectar al conjunto de la economía.
4. Ciertos aspectos de la relación entre las agencias calificadoras de riesgo, las empresas de auditoría externa y las instituciones financieras que derivan en un deficiente tratamiento del riesgo. Asimismo, instan a adoptar mecanismos y políticas que contrarresten el comportamiento procíclico de los sistemas financieros, el cual exacerba las fluctuaciones económicas y no amortigua los efectos que se derivan de los períodos de auge y depresión económica.
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