UN PAIS DISTINTO
La revisión de las cuentas nacionales comunicada ayer por el BCU ha generado una apreciable tensión en los analistas de la economía y una presumible inquietud similar en los analistas y cientistas políticos y sociales. Más allá de algunos cambios muy significativos en la generación de riqueza según el sector productivo que se analice, la información proporcionada con la ampliación y modernización de las muestras o la metodología de su procesamiento tiene una inquietante densidad. Las series revisadas y compiladas permiten ahora seguir el continuo de la transformación productiva del país y sus relaciones, generando puntos de vista que nos estaban vedados hasta el presente.
La oportunidad de la información es otra de las virtudes de esa revisión. Confrontar los programas y líneas de política económica en ejecución con esa realidad supone todo un riesgo. Ahora es más difícil manejarse con saberes aprendidos, reiterados con infinita grosería. Uno de los ejemplos inquietantes refiere a esa observación de las tendencias de generación de riqueza que se han venido manifestando en el país productivo. Es tan saludable como natural comprobar como la modernidad focaliza en la nueva industria y los servicios, responsabilidades mayores de creación de valor. La producción primaria, con toda su revolucionaria transformación de los últimos años continúa transfiriendo, y en grados crecientes, a la industria, la logística, el comercio y los servicios financieros, la capitalización de ese valor potencial que produce.
Los desafíos emergentes de la nueva información establecen interrogantes urgentes en relación con la rentabilidad de los regímenes de promoción de la inversión y políticas de subsidio o estimulación sectorial. Esos desafíos se trasladan de inmediato al interrogatorio sobre la conveniencia de las políticas de radicación de la población rural, por ejemplo.
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